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Cuando el discurso se rompe

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Más allá de la noticia, con tintes de reflexión y opinión, eso es lo que escuchas aquí.

Hoy es 6 de noviembre y cuenta con las intervenciones de Pedro Sánchez y Eduardo Norman.

La voz que escuchas, la de Javier Soler, es la del presentador de este podcast.

¡Comenzamos!

Cuando Pedro me mandó su intervención no pude sino imaginármelo, ¿no?

Porque me decía que le había dejado ahí pensando, entonces me lo imaginaba yo ahí leyendo en su dispositivo electrónico, ya sea una tablet Android o un iPad o lo que sea, me lo imagino ahí sentado en su sofá y de repente mirando al infinito, incluso sujetándose las gafas con la mano derecha.

¿Por qué?

Pues porque un artículo del diario público, pues le llamó la atención y le hizo que se quedara eso, pensando durante un largo rato.

Y es que parece ser que ciertos movimientos ultras se están intentando apropiar del discurso sobre la maternidad.

¿En qué se basa todo esto?

En el agotamiento de las madres.

Y esto debería haber dicho, abre comillas, agotamiento de las madres, cierra comillas, para impulsar su batalla contra los derechos de las mujeres.

Y es que resulta que todo esto a mí me parece que es un poco...

un reflejo de muchas cosas que vemos y son esa apropiación de discursos de ciertas cosas cotidianas, de ciertas cosas que tienen que ver con lo emocional, con lo mundano, entre comillas, podríamos decir, con esa parte cotidiana e incluso añadiría rutinaria de, pues bueno, los ciudadanos normales que nos levantamos, trabajamos, educamos y nos acostamos para empezar otro día más.

Así que muy interesante el punto de vista que nos va a tratar Pedro y sobre todo hacia dónde va a ir esto.

Así que adelante compañero, adelante Pedro.

Muchas gracias Javier, saludos equipo Trending y buenos días querida audiencia.

Hace unos días leí en público un artículo que me dejó pensando largo rato.

contaba cómo ciertos movimientos ultras están intentando apropiarse del discurso sobre la maternidad aprovechando algo así como cito de memoria el agotamiento de las madres para impulsar su batalla contra los derechos de las mujeres y pensé qué curioso qué hábil y qué peligroso es este giro Porque no hablamos ya de un debate de ideas, sino de una operación emocional, una especie de secuestro del cansancio cotidiano para convertirlo en ideología.

Vivimos una época donde la maternidad se ha convertido en un campo de disputa simbólica.

Durante años el feminismo ha tratado de desmontar el mito de la madre abnegada, invisible y eterna, y reivindicar una maternidad libre, una maternidad deseada, acompañada.

y justo cuando ese discurso empezaba a abrirse paso en las políticas públicas y en la conversación social, aparece la derecha extrema y la extrema derecha, aquí y fuera de aquí, para decir, nosotras os entendemos, madres agotadas, el feminismo os ha engañado, nosotras os devolveremos el orgullo de ser mujeres de verdad.

Aparentemente suena empático, en realidad es una trampa.

Porque lo que proponen no es aliviar la carga, sino devolverla intacta al lugar de siempre.

No quieren guarderías públicas, ni permisos iguales, ni corresponsabilidad.

Quieren aplausos, no derechos.

Quieren maternidades que callen, no que hablen.

Y lo más inquietante es que este mensaje cala en un terreno fértil.

El de la fatiga real de muchas mujeres que crían solas, o como si estuvieran solas, que compaginan jornadas imposibles, que cargan con todo mientras la sociedad les dice que deberían estar agradecidas.

Ahí hay un vacío político, un hueco emocional y alguien lo está ocupando.

Y me pregunto si no es también responsabilidad de quienes defendemos la igualdad haber dejado ese hueco libre.

Durante mucho tiempo el discurso feminista institucional, el de ministerios, partidos, los manifiestos, se han centrado con razón en los derechos, en la autonomía, en la denuncia de la violencia contra las mujeres, pero a veces ha hablado poco del cansancio, del desbordamiento, de la culpa, del desamparo cotidiano.

Y en ese silencio ha entrado una extrema derecha que no promete soluciones, pero sí comprensión, que no ofrece políticas, pero sí una identidad.

Nosotras cuidamos, nosotras sostenemos el mundo.

¿Una mentira eficaz?

Porque se disfraza de consuelo.

Lo que está en juego no sólo es la maternidad, sino el significado mismo del cuidado.

Cuando los ultras hablan de defender a las madres, lo que realmente están diciendo es devuélvanos el orden tradicional.

Y ese orden, lo sabemos, se basa en jerarquías.

El hombre proveedor, la mujer cuidadora, el hogar como frontera moral.

Esa estructura se vende hoy como una estructura natural, pero no hay nada natural en un modelo que se sostiene sobre la desigualdad y la culpa.

Porque en esa retórica de madres verdaderas no caben las madres solteras, ni las lesbianas, ni las que no quieren ser madres, ni las que están cansadas, ni las que se atreven a decir que no pueden más.

El feminismo, en cambio, ha tratado de ampliar ese mapa.

de decir que cuidar también es político, que criar no debe ser heroico y que una sociedad justa es la que se hace cargo colectivamente de la vida.

Pero claro, eso exige algo más que discursos, exige inversión, exige servicios públicos, horarios dignos, comunidades reales.

Y mientras eso no llega, mientras el capitalismo exprime y los gobiernos regatean, el terreno emocional se llena de populismo moral.

Porque el cansancio, si no se transforma en política, acaba siendo terreno fértil para la reacción.

Y ahí entra lo combativo.

No podemos permitir que quienes han votado sistemáticamente contra los permisos de paternidad, contra la educación infantil gratuita, contra las ayudas a la dependencia o contra el derecho al aborto, se presenten ahora como defensoras de las madres.

No lo son.

Son las mismas fuerzas que niegan la violencia machista.

que cuestionan la coeducación, que censuran libros y que convierten el feminismo en enemigo público.

Y lo hacen además con una sofisticación creciente.

Ya no gritan, ahora susurran, ya no atacan de frente, ahora se infiltran en el lenguaje del cuidado.

Por eso este momento es tan delicado.

Porque la batalla no se libra solo en los parlamentos o en los medios, sino en la intimidad.

En las conversaciones de WhatsApp de las madres del colegio.

En los hilos de TikTok donde una influencer, Trathwaif, esas esposas tradicionales del siglo XXI, explica que su vida cambió cuando decidió rendir su feminismo y abrazar su naturaleza.

En los podcasts que mezclan espiritualidad, autoayuda y nostalgia para decirte que el feminismo te roba la paz.

Esa es la nueva guerra cultural.

No la de los grandes titulares, sino la de las emociones diarias.

Y por eso creo que hay que responder con inteligencia, no solo con indignación.

Reivindicar la maternidad sin idealizarla.

Defender el cuidado sin romantizarlo y sobre todo politizar el agotamiento.

Porque el cansancio no es una debilidad.

Es una señal de que el sistema no funciona.

Y si no lo traducimos en políticas, otros lo van a traducir en ideología.

Hay que hablar más de esto.

de la carga mental, de la precariedad del tiempo, de las redes de apoyo que se rompen y hacerlo sin miedo a parecer vulnerables.

Porque la vulnerabilidad no es lo contrario de la fuerza, sino el lugar donde se hace visible la desigualdad.

Cuando las madres nos dicen no puedo más, no están fallando, están describiendo el síntoma de un sistema que las deja solas.

Termino con algo que también decía el artículo de público, aunque yo lo leo a mi manera.

Esta ofensiva reaccionaria contra los derechos de las mujeres no es nueva, pero va aprendido a usar nuestras palabras.

Por eso toca recuperarlas, resignificarlas y usarlas con más claridad que nunca.

La maternidad no necesita guardianes morales, necesita políticas públicas, comunidad y libertad.

Y el feminismo, ese que a veces se mira demasiado a sí mismo, tiene la tarea de volver al barro, de escuchar, de acompañar, de cuidar también el lenguaje con el que nombra la vida.

Gracias por tu escucha.

Disculpas a las mujeres feministas de que un tío venga aquí como a dar lecciones, pero esto lo tenía dentro.

Te dejo con el resto del equipo y hasta la próxima aquí en Trending.

La dimisión de Mazón era algo que quizás se pedía desde el primer día.

de qué hablo o de qué estoy intentando hacer, no la intervención, sino la presentación de mi compañero Eduardo, porque viene a hablar de eso, de la dimisión de Mazón, porque quizá un año después de los acontecimientos escalofriantes de la dana y después de su gestión de informaciones que han salido, de declaraciones durante todo un año y sobre todo...

con un discurso final en su dimisión, bueno, podrían darnos para quizá muchas intervenciones.

Muy curioso lo que nos viene a contar Eduardo, sobre todo porque esa perspectiva, esa manera que tiene él de ver las cosas y de, sobre todo, de contarlas aquí en Trending.

Adelante, compañero, adelante, Eduardo.

Queridos oyentes, Carlos Mazón ha dimitido.

Después de un año desde las inundaciones provocadas por la dana del año pasado y de las cientos de víctimas que provocaron, que según casi todos los expertos se podría haber evitado, habiendo avisado a tiempo, habiendo mantenido por ejemplo control del cauce de los ríos por parte de los bomberos que se retiraron durante el día de las inundaciones y muchas otras medidas que se podría haber llevado a cabo con con total tranquilidad si hubiesen hecho las cosas bien y si el señor Carlos Mazón hubiese estado donde tenía que estar.

Esto de dónde estaba Carlos Mazón es precisamente una de las claves por la que la dimisión se produce en este momento porque a raíz del aniversario de la dana el diario punto es ha publicado un documental que se llama precisamente así ¿Dónde estaba Carlos Mazón?

¿O dónde está Carlos Mazón?

Dónde se da una explicación, se realiza una investigación y se da una explicación a dónde estaba Carlos Mazón en cada momento de ese día.

Está claro que ya de hace tiempo había una pugna entre Mazón y Feijó para que Mazón de Mitiera y para que digamos se cerrara este episodio en la comunidad valenciana porque es verdad que las elecciones fueron hace dos años aproximadamente en 2023 pero la situación en Valencia cada vez ha ido empeorando durante este año porque Al no emitir mazón, al seguir RQR con lo mismo, quitando, echando balones fuera, diciendo que no tenía responsabilidad, que todavía ha sido un complot del gobierno, o un complot no, pero que digamos ineficiencia del gobierno, etcétera, etcétera, ha ido haciendo que la población valenciana cada vez esté más enfadada con mazón y por tanto con el peor valenciano.

Y esto pone en peligro la digamos, la reelección de aquí a dos años cuando se realizan las próximas elecciones.

En realidad, tampoco tenemos muy claro si Mazón ha dimitido o no.

Quiero decir, en ningún momento ha dicho que haya dimitido en su declaración.

Dice que hay que elegir un nuevo presidente, que se habrá un proceso, etcétera, etcétera.

Es decir, que no va a convocar elecciones bajo ningún concepto, pero ya está.

Además, se da el caso de que está previsto, creo que todavía no ha ocurrido, pero está previsto que ocurra que Carlos Mazán se dé de baja, porque dice que lleva aguantando un año, que no puede más, que ni en su familia puede más y que por eso es por lo que también limita, porque la presión le puede.

Él quería reconstruir, según su versión, Valencia, la comunidad anciana, y las presiones d 'Arfinadas han hecho que no pueda realizarlo y por lo tanto por eso presenta su dimisión, y por eso va a pedir la baja médica.

En ese caso, la actual vicepresidenta es la que asumirá las funciones de presidenta de forma interina, cosa que en la que Mazón ya estaría, quiero decir, en el momento que presenta su dimisión, Mazón entra como presidenta en funciones, y la presidenta interina podría aguantar estas dos años.

un tiempo, unos meses, mientras que el PP y Vox llegan a una acuerdo de quién debería de ser el nuevo presidente de la Generalitat.

¿Qué crees que os diga?

Pues me parece que Mazón ha sido hasta el último momento, porque en ningún caso ha dado su brazo a torcer, sus declaraciones durante esa, digamos, comparecencia para demitir, por así llamarlo, porque en realidad no ha hablado de que está demitiendo, aunque queda implícito y es de facto lo que ocurre, pero él en realidad nunca ha llegado a decir eso.

Entonces, todo lo que ha dicho durante esas declaraciones, que la culpa es del gobierno central, que él estaba intentando aguantar para poder reconstruir Valencia, y que lo que ha ocurrido no es culpa de nadie, que son cosas que han pasado.

Y que, claro, él se ha visto solo, sin el apoyo del gobierno central, ninguneado por los anchos y tal y cual, y que por eso, por lo que, al final, ha ocurrido lo que ha ocurrido.

O sea, el que estuviera en el entorno...

entrevistando se supone a una periodista para dirigir a punta, etcétera, etcétera, de comida eso no tiene ninguna importancia.

La importancia es que Pedro Sánchez, que no tenía, ojo, que no tenía esa responsabilidad, y que además, y que además, por parte de Rajoy, pero de Rajoy de Feijón, se le dio a Mazón, según se dice.

órdenes expresas de que en ningún caso había que declarar el estado de alarma o estado de decepción porque claro en ese momento quien tomaba el control del gobierno central esto había que solucionarlo con los medios internos y Mazón no hizo nada ¿Hizo casos fijos?

Sí, hizo casos fijos, no recurrió el gobierno central Pero no cedió el control al gobierno central.

Pero no hizo nada.

No utilizó los recursos.

No es absolutamente nada.

El UME, que tanto Mazón dice que el UME...

O sea, la UME, perdón, estaba a disposición de la Generalitat desde el primer momento.

Pero es que la Generalitat, ¿qué es quien lo tenía que movilizar?

No lo movilizó.

O sea, una unidad militar de emergencias preparada.

dispuesto para operar.

Y cuando lo movilizan es cuando ya no pueden hacer nada prácticamente.

Porque no pueden rescatar a la gente, porque ya es demasiado tarde.

La alerta llegó cuando ya la mayoría de las personas que podían haberse puesto a resguardo al recibir esa alerta ya habían pasado el peligro y cuando digo pasar el peligro es que los que murieron habían muerto ya.

Y ahí es cuando llegan a la alerta.

O sea, vosotros imaginaros que hubo gente que estuvo en, por ejemplo, me acuerdo, en el tejado, o sea, en el techado mejor dicho, de una paza de aparcamiento al aire libre, ahí arriba subido.

que cuando está allí con el agua no al cuello pero digamos rodeándolo le llega un mensaje al móvil que dice ten cuidado que puede caer en hundaciones es que practicante es de risa es de risa tan ganas de decir ahora me lo dice no me habia dado cuenta pensaba que estaba aquí tomando el fresco Y como eso, muchas situaciones que se dieron.

Pues ahora de mi temazón, haciéndose la víctima, diciendo que su familia sufre muchísimo, que no lo dudo, no lo dudo.

Igual que también ha sufrido la consejera, igual que también ha sufrido la periodista con la que se estaba entrevistando, etcétera, etcétera.

Cuando aquí el principal, digamos, culpable de todo esto es el señor Mazón.

que es quien tenía la responsabilidad porque él es el que tenía la última palabra y porque él debería de saber que si pone a una consejera de emergencias con poca experiencia etcétera le va a tener que consultar porque si lo que pone es un señor o una señora con una vasta experiencia en estos temas.

Yo qué sé, por ejemplo, alguien que haya dirigido un centro médico, aunque sea, o que haya estado en protección civil.

Un montón de posibilidades, ¿no?

O alguien que haya ejercido esa responsabilidad de consejero de emergencia o de algo similar.

como por ejemplo en una diputación, en un ayuntamiento, etcétera, pues probablemente no tendría que estar pendiente de lo que le dijera el señor Mazón.

Pero es que lo miréis por donde lo miréis, porque quien puso a la consejera es él, quien decide en un día sí continuar con el almuerzo es él.

Fue Sánchez que le dijo, no, no, quédate en el aventuro.

Fue Sánchez que le dijo, Mira, buena idea que pongas a esta consejera en este puesto en concreto.

No, ¿verdad?

Pues entonces, que no se queje tanto.

Porque él se puede sentir víctima, pero os aseguro que mucho más víctimas fueron todas las personas que murieron o que perdieron sus casas, sus pertenencias, etcétera.

Así que un poquito menos hacerse la víctima y un poquito...

más de asumir las responsabilidades.

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