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La historia de amor que cambió el destino de Francia (primera parte)

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Speaker 2

Bienvenidos a un nuevo episodio de Filosofía, Psicología, Historias.

Hoy vamos a hablar de una de las historias de amor más fascinantes que cambió el curso de la historia de Francia.

Para eso tenemos que situarnos en el primer cuarto del siglo del año 1300 en la Francia que era gobernada por Felipe de Hermoso.

que era un rey ambicioso y al cual llamaban el rey de hierro, que era hermoso y tenía unos ojos azules que dicen que, a pesar de su belleza, helaban a quien lo miraba.

Y hacía poco que el rey Felipe había eliminado a los caballeros templarios Y lo había hecho para apropiarse de sus riquezas como antes había expropiado a los judíos.

El reino de Francia estaba en crisis económica permanente y la forma que había encontrado Felipe para enriquecerlo era la expropiación de aquellos que tenían dinero.

Primero le tocó a los judíos, luego le tocó a los templarios y los que quedaban tanto para dar crédito como para fomentar la economía de Francia.

Eran los banqueros italianos.

Entre ellos había uno, Espinero Ptolomei, que era un banquero lombardo, que en cierta medida era la principal fuente de dinero que tenía el rey.

Cierta vez, en el mercado de la isla de París, un joven estaba paseando un perro, un perro de gran porte.

El perro era llevado con su correa Y cuando vio algo, quizás un gato, quiso salir a perseguirlo y arrastró al joven que lo llevaba, que tenía 18 años.

El joven tropezó con una persona, esta persona se cae, y el joven le dijo, fíjate por dónde caminas, imbécil.

Y en ese momento se generó un gran silencio en el mercado y alguien le dijo, que a quien has dicho imbécil es al rey.

Felipe...

Se levantó, sacudió el polvo de sus rodillas, clavó su mirada fría en la del joven que sintió un escalofrío en su espalda, no dijo nada y se fue.

Este joven fue a su casa y le contó a su tío, que era su tutor, con quien vivía, lo que había acontecido.

Este tutor era el banquero Espinelo Tolomé.

El banquero rápidamente supo lo que tenía que hacer.

Tomó el perro, fue a pedir una entrevista con el rey, le regaló el perro y le perdonó algunas deudas que tenía y además le ofreció más crédito.

El rey ya se había olvidado del incidente, pero lo recordó al ver el perro, a quien bautizó Lombardo, ya que se lo regalaba aquel banquero Lombardo.

Pero Espinelo no estaba tranquilo, tenía que hacer algo para salvar lo que él creía que podía ser una venganza sobre la vida de su sobrino.

Y Aconteció algo curioso.

Se presentó un hombre al banco, que era además la casa de Espinilo Ptolomei, el palacio de Ptolomei, que todavía hoy existe.

Y este hombre que se presentó era el conde de Artois, un hombre muy corpulento, muy agresivo y muy resentido.

Y estaba resentido con el rey, que era su tío.¿ Y por qué estaba resentido?

Porque en aquella época, cuando una mujer se casaba con un hombre, tenía que aportar la dote.¿ Qué era la dote?

Era un precio que se pagaba.

Y si alguien quería casarse con una persona importante, más grande debía ser la dote.

Y Roberto, que debía ser el heredero de Artois, la región de Francia, había perdido todo por las dotes que se habían pagado para que tres jóvenes se casasen con los tres hijos varones del rey.

El rey tenía cuatro hijos, tres varones y una mujer.

Los varones se llamaban Luis, Felipe y Carlos.

Y la más joven de sus cuatro hijos era Isabel, que era en aquel momento no solo princesa de Francia, sino además reina de Inglaterra, porque se había casado con el rey Eduardo II de Inglaterra.

Ahora bien, la dote que el rey había adquirido por el casamiento de sus tres hijos con las tres jovencitas era el condado de Artois que debía heredar Roberto y que el rey había otorgado fraudulentamente a la madre de dos de estas jovencitas y la otra era una prima.

Es decir que las tres primas de Roberto pagaron con la tierra de Roberto la dote para casarse.

Y este resentimiento movería a Roberto a hacer cualquier cosa con tal de recuperar aquellas tierras.

Entonces, había ido a ver al banquero, a quien siempre le pedía dinero y quien siempre le daba dinero, porque de esa manera obtenía información que nadie más podía brindar de la corte, Es decir que más que un préstamo era un pago por información lo que le daba.

Y decía, Roberto fue a ver a Espinelo Ptolomei, el banquero, no solo para pedirle dinero, sino para también pedirle que entregara una carta que tendría una información muy útil para el banquero, pero que todavía no podía revelar.

Y esa carta debía ser entregada a la princesa Isabel y reina de Inglaterra.

pero que debía ser entregada con sumo cuidado y necesitaba a alguien de mucha confianza.

En ese momento los banqueros tenían un servicio de correo tan eficaz como el correo real.

Entonces el banquero Espinero tuvo una idea que fue usar a su propio sobrino para que fuese a Londres y de esa manera estuviese lejos de las garras del rey Felipe el Hermoso.

Esa carta viajó con el joven que se llamaba Guccio, Guccio Baglioni.

Y este joven italiano que tenía pánico al mar sufrió mucho durante el viaje y cuando llegó a Inglaterra estaba bastante ofuscado porque a él le gustaba vivir en Francia donde había otra arquitectura, otra cultura, bastante más avanzada que la Inglaterra de ese momento.

Que ir a Inglaterra no solo era una pérdida de tiempo, sino que además era una interposición entre su vida de joven y las posibilidades que París le daba.

Cuando llegó al palacio a entregar a la princesa esa carta secreta, la princesa lo recibió con mucho entusiasmo porque se encontró con alguien que era joven como ella, que podía hablar y que además entendía su idioma, sus costumbres.

Y no podríamos decir que se hicieron amigos, pero sí que se miraron con cierta ternura y que se comprendieron mutuamente, cada uno en su propia soledad.

Luego el muchacho volvió, pero volvió con un recado también secreto, porque la princesa cuando leyó la carta sonrió y le preguntó si ella podía darle a él una carta en respuesta para su primo Roberto.

pero que además debía llevar tres objetos, que eran tres escarcenas de plata, adornos que usaban los hombres en aquel momento.

Y así fue que el joven regresó, pasó las penurias del mar y volvió con el recado para Roberto de Artuá.

El banquero llamó al conde y cuando este hombre grotesco vio la respuesta de la princesa, también sonrió y le dijo a Espinelo pronto, tendremos un suceso que sacudirá a todo el reino.

Pero es muy pronto para decirlo.

Lo cierto es que el banquero quedó inquieto y pensó que ahora no solo estaba el suceso del perro con el rey, sino que además su sobrino había traído una carta que podía comprometerlo.

Así que decidió darle otra misión para alejarlo de París.

Y esta misión era...

era de ir a un pueblo a unos 30 kilómetros de París, llamado Crecy, y así el joven debía tramitar una deuda que tenía una familia noble, que había perdido al padre de familia en una guerra en favor del rey, y que el banquero había solventado a esa familia y ahora debía pagar la deuda.

Y la deuda era adquirir la casa.

Así que el joven...

a regañadientes y bastante ofuscado, porque ahora tenía que alejarse a un pueblo, aceptó la decisión de su tío.

Cuando se fue a Crecí, a caballo, vestido como había venido, con sus mejores ropas, de haber visitado a la reina de Inglaterra.

Hay que pensar que en aquella época la gente no se cambiaba mucho la ropa.

Así que fue vestido con sus mejores atuendos, con una espada que ni siquiera sabía utilizar, pero que la usaba para enaltecerse, y partió hacia aquel pueblo.

Cuando llegó a la casa, notó que la casa estaba en bastante mal estado, que ningún sirviente vino a recibir la reina de su caballo para alimentarlo, para guiarlo hacia la casa.

Pero además vio algo que lo alteró, porque vio un carruaje que tenía la flor de lis, que era el símbolo real.

Y eso quería decir que el cobrador de impuestos estaba allí.

El joven sintió que le habían ganado de mano.

Pero decidió que iba a demostrarle a su tío lo útil que era.

Así que subió a las escaleras de la casa, y no percibió que junto a la puerta había una muchacha de 15 años, porque estaba tan concentrado en lo que debía hacer, que no la registró.

Cuando entró a la sala principal de la casa, vio que había una mujer de edad promedio, evidentemente la madre de familia, la viuda, que junto a ella había dos jóvenes, con sus vestiduras añejas, que se notaba que habían sido nobles, pero que ahora estaban en desgracia, con la cabeza baja y avergonzados.

Y frente a ellos había un señor muy altivo, que era el cobrador de impuestos, que estaba reclamando una suma de dinero muy excesiva, que evidentemente la jamilla no podía pagar.

Y entonces el cobrador de impuestos dijo, si no pueden pagar, me quedaré con la casa.

Guccio supo que tenía que intervenir de inmediato.

Carraspeo se adelantó y se presentó diciendo que venía a mediar en aquel pleito.

Cuando el corredor de impuestos lo miró, le preguntó quién era y él le dijo bastará saber que vengo de Inglaterra porque soy el correo personal de la hija del rey y que además hace muy poco le he regalado mi perro al rey.

Estas palabras impresionaron al cobrador de impuestos, que se dejó influir por el ingenio de este jovencito, que se las arregló para dejar sentado que el cobrador de impuestos estaba cometiendo un abuso reclamando la calla y que eso debía ser informado al rey.

A menos que el cobrador de impuestos desistiese del reclamo y además quise una compensación en dinero a la familia.

Este cobrador de impuestos, asustado, hizo lo que el joven decía y se retiró.

Así que la mujer estaba muy contenta con este jovencito.

Le preguntó quién era y por qué había salvado a la familia de las deudas.

Y él le dijo que en realidad era...

el sobrino de Espinelo Ptolomei, el banquero al que la familia le debía mucho dinero.

La mujer volvió de la compostura al nerviosismo rápidamente.

Tomó con fuerza la bolsa llena de monedas que le había dado el cobrador de impuestos y comprendió que ahora debía enfrentar un nuevo pleito.

Pero en ese momento, la jovencita de 15 años que había sido inadvertida en la puerta, se acercó hacia el joven, tomó su mano y le dijo, mi salvador.

Él se giró, la miró a los ojos y se enamoró automáticamente de ella.

Quedó tan perturbado que le dijo a la dueña de casa que en realidad venía en nombre de su tío a perdonar la deuda que tenía sobre una familia tan importante.

Esto hizo que la familia sintiese mucha alegría y que lo invitase a cenar esa misma noche y ofrecerle alojamiento.

Así que el joven, mientras comían en la casa, una comida muy austera porque no tenían realmente dinero, miraba al principio con discreción y después bastante indiscretamente, a la jovencita, que se llamaba María, y a partir de ahora la conoceremos como María de Crecy.

Y María también había quedado impactada por aquel joven caído del cielo, apuesto, atrevido, decidido, que venía a traer un regalo de Dios, nada más y nada menos que a preservar el hogar.

Cuando terminaron La cena, al joven le dispusieron un cuarto para que descansase.

Y cuando estaba durmiendo, escuchó que alguien abría la puerta.

No veía mucho, porque era de noche.

Y lo primero que pensó era que era María quien lo venía a visitar.

Pero cuando escuchó la voz de la persona que había entrado, se dio cuenta que era la madre de María, que le decía...

que venía a ayudarlo a desvestirse y que le traía agua por si quería darse un baño.

El joven trató de excusarse como pudiese y la mujer trató de ayudarlo a desvestirse, pero él rápidamente escapó de la situación diciendo que no podía hacer esperar a su tío para darle tan buena noticia y se retiró de la casa.

Pensando en cómo le explicaría a Espinelotolomei, que no había cobrado su deuda y que además había hecho una adoración de ella y que la había perdonado.

Cuando llegó a París, le contó lo sucedido a su tío y su tío sonrió y dijo, un hombre enamorado.¿ Cómo sigue esta historia?

Se los cuento en el próximo episodio.

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Gracias y hasta el próximo episodio, en donde continuaremos con la segunda parte de esta increíble historia de amor.

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