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La Práctica Estoica del Desapego de los Resultados

Episode Transcript

Speaker 2

Bienvenida, bienvenido a esta exploración.

Hoy vamos a meternos de lleno en una idea potente del estoicismo.

Una idea que puede sonar un poco rara al principio.

El desapego de los resultados.¿ Qué significa eso de soltar la necesidad de que todo salga justo como queremos?

Y bueno,¿ cómo se aplica hoy en día?

Tenemos aquí unos extractos de un texto llamado Desapego Estoico de los Resultados.

La misión, digamos, es desmenuzar este concepto, entenderle la lógica y sobre todo ver qué herramientas prácticas nos da para movernos en este mundo, lleno de incertidumbre, de presión por tener éxito y con resultados que, seamos sinceros, muchas veces se nos van de las manos.

La idea central, la verdad, es atractiva.

Es esto de canalizar nuestra energía a lo que sí podemos controlar.

Nuestras acciones, las decisiones que tomamos conscientemente, nuestra actitud frente a lo que pasa.

Y aprender a soltar esa obsesión por cómo termina todo.

Suena liberador, ¿verdad?

Pero, a ver,¿ cómo funciona esto en la vida real?

Vamos a verlo.

El texto arranca poniendo este desapego como un pilar clave del pensamiento estoico.

Ojo, no es que las cosas dejen de importar.

Para nada.

Es más bien dónde ponemos el foco, nuestra atención y, más importante, dónde ponemos nuestra valoración personal.

Cita una frase de Epicteto que es fundamental.

Algunas cosas dependen de nosotros y otras no.

Parece simple, ¿no?

Casi obvio.

Pero si nos paramos a pensar un segundo,¿ cuánta ansiedad, cuánto estrés nos causa esperar un resultado específico que no controlamos del todo?

Pensemos en, no sé, esperar la respuesta a una propuesta de trabajo, el resultado de un análisis médico o que un proyecto al que le metimos todo funcione.

Speaker 3

Exactamente.

Y ahí, justo ahí, está el nudo de gran parte de nuestra intranquilidad.

Porque al poner nuestra paz mental, nuestra sensación de que valemos algo, únicamente en que ese resultado externo pase como queremos… pues nos volvemos súper vulnerables.

Siempre, siempre va a haber factores fuera de nuestro control.

Decisiones de otros, la economía, un mal momento, qué sé yo, el simple azar.

El estoicismo lo que propone es un cambio radical, un giro de 180 grados.

Propone encontrar la satisfacción, el valor, incluso lo que llamamos éxito, en la calidad de nuestro esfuerzo, en la integridad de nuestras intenciones y de nuestras acciones.

Y esto, independientemente del fruto final que den, es reorientar dónde buscamos la validación, dejar de buscarla afuera y empezar a encontrarla dentro de nosotros.

Ah,

Speaker 2

pero aquí hay que aclarar algo importante, que a veces se entiende mal del estoicismo, ¿no?

Este desapego no es apatía, no es indiferencia, no es decir, bueno, ya tiro la toalla.

No significa, ya no me importa nada.

De hecho, los estoicos valoraban muchísimo la acción comprometida, la virtud, entendida como excelencia, el deber con la comunidad.

Y para explicar esto, el texto usa una analogía genial, muy gráfica.

Se la atribuye a Cicerón, pero tiene raíces estoicas.

La del buen arquero.

Imaginemos un arquero experto.

Se concentra totalmente.

La postura, la tensión del arco, la respiración, apunta con cuidado, suelta la flecha con maestría.

Todo eso, cada detalle de esa acción, sí depende de él.

Completamente.

El dueño de su técnica, de su concentración, de la intención que pone en cada movimiento.

Ahí está su habilidad, su arte

Speaker 3

Así es, tal cual.

Pero,¿ qué pasa una vez que la flecha deja el arco?

Una vez que está en el aire.

Ahí se acaba el control del arquero.

No puede prever si va a venir una ráfaga de viento justo en ese momento y la desvía.

No puede controlar si el blanco se mueve un poquito al final o si, no sé, un pájaro se cruza.

La flecha puede dar en el centro, puede desviarse o puede errar por completo.

Speaker 2

Entonces, según esta analogía,¿ dónde está la excelencia, la virtud del arquero donde queda?

Speaker 3

Justamente ahí, en la ejecución del lanzamiento, en haber hecho todo lo que estaba bajo su control de la mejor manera posible, con habilidad, con concentración, con la intención correcta.

El estoicismo diría que el verdadero éxito del arquero está ahí, en la calidad de su acción, no necesariamente en si la flecha dio en la diana o no.

Y esto choca mucho con nuestra cultura actual, ¿verdad?

Speaker 2

Totalmente.

Speaker 3

Una cultura obsesionada con el resultado, con el marcador final, que muchas veces invalida todo el esfuerzo si no se gana el trofeo.

El estoicismo invierte la lógica.

Dice, la excelencia está en el proceso, en el cómo se hacen las cosas, no solo en el resultado.

Speaker 2

Y aplicar esto a la vida moderna, uf, aquí es donde la cosa se pone realmente interesante.

Y quizás un poco difícil, ¿no?

Pensemos en cosas comunes.

Buscar trabajo, con lo competitivo que está todo.

Lanzar un emprendimiento propio.

O intentar construir o incluso reparar una relación importante.

Le metemos muchísima energía, tiempo, ilusión, a veces hasta dinero.

Ponemos todo de nosotros.

Y

Speaker 3

sin embargo, a pesar de haberlo dado todo, de haber actuado con la mejor intención, con diligencia, a veces las cosas no salen.

Simplemente no salen como queríamos.

La empresa no arranca, no conseguimos ese puesto, la relación no mejora.

Es justo en esos momentos, en esos fracasos aparentes, donde este desapego estoico ofrece una mirada, bueno, radicalmente diferente.

Y como dice el texto, ofrece un consuelo muy poderoso.

Speaker 2

Cómo exactamente?

A ver,¿ cómo ayuda esta idea cuando uno está decepcionado porque no alcanzó una meta?

Speaker 3

Nos recuerda algo clave.

Que no haber alcanzado ese resultado específico no define nuestro valor como personas.

No nos convierte en fracasados automáticamente.

Nuestro valor real, desde esta perspectiva, está en la calidad de nuestro intento.

En haber actuado con integridad, con esfuerzo de verdad, siendo coherentes con nuestros principios durante todo el camino.

La pregunta clave que se haría un estoico no es logré el objetivo, sino más bien,¿ Hice todo lo que dependía de mí de la mejor manera posible con virtud?

Si la respuesta es sí, entonces en un sentido profundo no hay fracaso real, solo un resultado que no se dio.

Y esto ayuda a procesar la decepción sin que nos destruya la autoestima.

Speaker 2

Entiendo, entiendo.

Cambia el criterio con el que nos medimos a nosotros mismos.

Lo mueve de afuera, de lo incontrolable, hacia adentro, a lo que sí controlamos.

Y eso imagino que tiene un impacto directo en cómo manejamos las emociones, ¿no?

Speaker 3

Absolutamente.

Un impacto directo y muy tangible en lo que los estoicos llamaban ataraxia.

Esa serenidad, esa tranquilidad de ánimo.

La obsesión por controlar lo incontrolable, por forzar los resultados a que sean como queremos...

Es una fuente infinita de frustración, de ansiedad, de enojo, de miedo, de tristeza.

Marco Aurelio, el emperador filósofo, insistía mucho en esto en sus meditaciones.

Decía que los eventos externos, en sí mismos, no son ni buenos ni malos.

Es nuestra interpretación, nuestro juicio sobre ellos, lo que nos perturba o nos da paz.

Entender que gran parte de lo que pasa afuera está sujeto a la fortuna, al azar, a las complejidades del mundo, a la voluntad de otros, eso nos permite cultivar la ecuanimidad.

Speaker 2

¡Ecuanimidad!

Esa palabra suena interesante.¿ Podríamos definirla un poco más?

Suena a calma, pero quizás es algo más.

Speaker 3

Sí, es más que solo calma pasiva.

Es una serenidad, equilibrada, una estabilidad mental y emocional que no se tambalea fácilmente con los altibajos de la vida.

No es resignación de, bueno, no puedo hacer nada.

No, es una aceptación activa, lúcida de la realidad como es, incluyendo lo que no podemos controlar.

Es saber distinguir qué podemos cambiar y qué debemos aceptar.

Y responder a ambas cosas con sabiduría, con fortaleza interior.

Aceptar lo que venga, sea bueno o malo, con esa calma equilibrada, nos permite seguir actuando de forma racional y virtuosa.

Speaker 2

Y el texto también menciona otro beneficio importante.

Dice que esta perspectiva fortalece la resiliencia e incluso que fomenta la audacia.¿ Cómo se conecta el desapego del resultado con ser más audaz?

Suena un poco contradictorio a primera vista.

Speaker 3

No tanto, si lo piensas bien.

A ver,¿ qué nos frena muchas veces a intentar algo nuevo?

A tomar un riesgo, aunque sea calculado.

A perseguir una meta ambiciosa.

Muy a menudo es el miedo al fracaso.

El miedo a la crítica.

Al qué dirán.

Al juicio de los demás si las cosas no salen bien.

Speaker 2

Claro, el miedo a quedar mal.

A sentirnos, no sé, menos si no logramos el éxito que se esperaba.

Speaker 3

Exacto.

Pero si de verdad interiorizamos la idea estoica de que nuestro valor, nuestro éxito, está en la calidad de nuestro esfuerzo y nuestra intención, o sea, en lo que sí controlamos, entonces el fracaso externo, el no alcanzar el resultado, pierde gran parte de su poder, deja de paralizarnos.

El riesgo se ve de otra manera.

El peor escenario ya no es no lo logré y soy un fracasado, sino quizás no lo logré, pero actué con virtud y aprendí algo en el intento.

Y esto libera una cantidad enorme de energía mental y emocional que antes estaba atrapada por el miedo.

Nos volvemos más dispuestos a intentar, a probar, a salir de nuestra zona cómoda, porque el resultado final ya no tiene el poder de definir quiénes somos.

Entiendo.

Speaker 2

Entonces, si se logra el objetivo, genial.

Se celebra, se disfruta.

como algo bueno, un indiferente preferido, dirían ellos, pero no esencial para nuestro valor.

Y si no se logra, pues se acepta con esa ecuanimidad de la que hablabas.

Se aprende la lección si hay alguna, y se sigue adelante con dignidad, sabiendo que se hizo lo correcto según los propios principios.

El texto lo llama la verdadera libertad, la libertad interior de no estar a merced de los caprichos de la suerte, de los resultados o de lo que opinen los demás.

Pero, a ver,¿ Cómo se cultiva esto en el día a día?

Suena muy bien en teoría, pero llevarlo a la práctica todo el tiempo debe necesitar entrenamiento, ¿no?

Speaker 3

Sin duda alguna.

Esto no es como apretar un botón y listo.

Es una práctica constante.

Es un hábito mental que hay que cultivar con conciencia.

El texto sugiere un ejercicio clave, casi como un mantra práctico.

ante cada situación que nos genere preocupación o un deseo muy intenso, pararnos un momento y preguntarnos,¿ qué parte de esto depende de mí y qué parte no depende de mí?

Hacer esta distinción de forma rigurosa, honesta.

Ese es el primer paso.

Speaker 4

Podríamos poner un ejemplo concreto para ver cómo funcionaría esa pregunta.

Speaker 3

Claro.

Imagina que tienes que preparar una presentación importante en el trabajo.¿ Qué depende de mí?

Pues investigar bien el tema, estructurar bien lo que voy a decir, preparar unas diapositivas claras, ensayar la presentación, pensar en posibles preguntas, cuidar mi lenguaje corporal, llegar a tiempo, todo eso está bajo mi control directo.

Ahora,¿ qué no depende de mí?

La reacción final de la audiencia, si un colega hace una pregunta inesperada o con mala intención, si justo falla el proyector en el último minuto, la decisión final que tomen los jefes basada en cosas que yo ni sé.

Al hacer esta separación mental, puedo enfocar toda mi energía y mi atención en la excelencia de mi preparación y mi ejecución.

O sea, en lo que sí depende de mí.

Y aceptar con más calma los factores externos, lo que no depende de mí.

Repetir este ejercicio constantemente, como dice el texto, va disolviendo poco a poco la ansiedad por el resultado y centra la mente en la acción virtuosa.

Es como entrenar un músculo.

Al principio cuesta, pero con la práctica se va fortaleciendo.

Speaker 2

Entendido.

Es un ejercicio de claridad constante para dirigir la energía de forma más útil.

Entonces, resumiendo un poco,¿ qué significa todo esto junto?¿ Cuál sería el mensaje central que nos podemos

Speaker 3

llevar?

El mensaje central no es renunciar a las metas, ni a los sueños, ni a actuar en el mundo.

No, no, para nada.

Es más bien una invitación a actuar con todo nuestro potencial, con la máxima diligencia, pasión, compromiso, pero desacoplando nuestra paz interior y nuestra autoestima del resultado final.

Es aprender a encontrar la satisfacción y el sentido en el camino.

en el esfuerzo bien intencionado, en desarrollar nuestro propio carácter.

O

Speaker 2

sea que la verdadera recompensa no está tanto en el premio de afuera, sino en el proceso mismo, en haberse esforzado de manera virtuosa.

Speaker 3

Exactamente.

En esencia, la persona que practica este desapego estoico aprende a poner su felicidad, su valía, su centro, en lo único que realmente le pertenece, en lo único sobre lo que tiene un control casi absoluto.

Su propio carácter, sus elecciones morales, sus virtudes puestas en práctica.

Virtudes como la sabiduría para ver las cosas claras, la justicia al tratar a los demás, la fortaleza ante las dificultades, la templanza con los deseos.

Al lograr anclar la identidad y la paz en estas cosas internas, se alcanza una libertad interior muy profunda.

Una libertad que, como dice el texto de forma muy gráfica, ningún éxito ni fracaso externo puede arrebatar.

Es como cambiar el marcador.

En vez de medirnos por lo que conseguimos afuera, nos medimos por quiénes somos y cómo actuamos en el proceso.

Se trata de internalizar el criterio del éxito verdadero.

Speaker 2

Hemos recorrido esta idea estoica del desapego de los resultados.

Vimos cómo propone este cambio radical de enfoque, ¿no?

De la ansiedad por el resultado que no controlamos a la dedicación plena y virtuosa en la acción que sí podemos controlar.

Parece, sin duda, una herramienta psicológica muy potente para cultivar la serenidad, la resiliencia.

Y una forma de libertad interior en un mundo que, bueno, a menudo nos empuja justo en la dirección contraria.

Speaker 3

Y quizá para seguir dándole vueltas a esto, queda una pregunta ahí flotando.

Una pregunta que surge de todo esto y que el propio texto parece sugerir al final.

Si individualmente y, quién sabe, quizá como sociedad, empezáramos a valorar más el esfuerzo íntegro, la intención correcta, la calidad del proceso, más que el resultado final tangible.¿ Cómo podría eso transformar no sólo cómo nos evaluamos a nosotros mismos y nuestro bienestar, sino también las dinámicas, las métricas de éxito en ámbitos más grandes?

Pensemos en el trabajo, en la educación...

incluso en cómo contamos las historias de éxito en nuestra cultura.¿ Qué cambiaría realmente si el cómo se juega el partido empezara a importar tanto o incluso más que el marcador final?

Speaker 2

Uf, una pregunta con muchas puntas.

Sin duda, una idea potente para seguir masticando.

Gracias por acompañarnos en este análisis profundo.

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