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Álvaro Gómez Hurtado: la tragedia de un hombre que quiso cambiar Colombia

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Se cumplen 30 años del infame asesinato en Bogotá el 2 de noviembre de 1995 de Álvaro Gómez Hurtado, una de las figuras principales de la Colombia del siglo XX y cuya biografía Sirve para entender mejor ese siglo y pensarlo con todas sus tensiones, conflictos, con sus luces y sus sombras.

Vamos a hacer dos salidas aquí en Calamares en su tinta sobre la vida, la obra, el pensamiento de Álvaro Gómez Hurtado.

Hola a todos, bienvenidos a Calamares en su Tinta.

Este espacio, como ustedes ya saben, para que hablemos un poco de historia, de historias, de libros, de personajes raros y curiosos a veces, en fin.

Hoy, hace 30 años exactos, el 2 de noviembre de 1995, fue asesinado en Bogotá Álvaro Gómez Hurtado, uno de los grandes personajes del siglo XX colombiano y y cuya biografía sirve de manera espectral para entender mejor ese siglo, para contarlo con sus luces y sus sombras, para tratar de desentrañar en él todos sus conflictos y todas sus tensiones.

Además, porque la vida de Álvaro Gómez lo atraviesa como una especie de vector luminoso y complejo y revelador desde cuando nace en 1919 hasta su asesinato esa mañana del 2 de noviembre.

en 1995, cuando Gómez salía de dar su clase de cultura colombiana en la Universidad Sergio Arboleda, que él había fundado hacía unos años con su condisípulo de la Facultad de Derecho de la Universidad Javeriana, Rodrigo Noguera Laborde.

Ese día Álvaro Gómez habló de la influencia del barroco y el romanticismo en el destino y la historia de Hispanoamérica.

Era uno de sus temas predilectos, era una de sus obsesiones en el ámbito de la historia, que fue un territorio en el que él se situó siempre para juzgar juzgar el presente para analizarlo y para querer influir también en él desde la política y el periodismo que fueron sus dos grandes vocaciones en la vida.

Los dos oficios anteriores.

a los que se consagró desde muy joven.

También le interesaban otras cosas, la pintura, la escultura, la escritura.

Álvaro Gómez en realidad tenía más bien una vocación estética y artística y esos fueron los valores desde los cuales se aproximó siempre a la realidad, ya fuera en su presente o en el pasado, para tratar de entenderla y como ya dije, para tratar también de influir, de intervenir en su curso y en su desarrollo.

Lo cierto es que la vida de Álvaro Gómez se puede leer también como una especie de tragedia griega en la que asistimos a ese destino insoslayable, irreversible, de una especie de héroe que va caminando hacia su suerte final mientras el coro le va señalando ese camino.

Pero fue una vida agitada, fue una vida turbulenta, fue una vida de combate y de batalla.

entregada siempre a la defensa y a la reivindicación de los principios y los valores en los que él creía, que eran además los del conservatismo, los del partido conservador también, aunque en muchos momentos de su vida él creyó.

se sale de la ortodoxia partidista y doctrinaria de ese partido en el que militó siempre y hacía propuestas que muchas veces eran más ambiciosas, más provocadoras y más heterodoxas que las de sus copartidarios y también que muchos de sus críticos más feroces y vehementes que nunca le quitaron el estigma de haber sido uno de los protagonistas y hasta artífices y causantes de la violencia liberal conservadora y del sectarismo bipartidista que llevó a la Colombia de los años 30 y 40 y 50 a ese abismo de una guerra civil no declarada.

Álvaro Gómez fue uno de los protagonistas de ese relato.

Siempre me gusta deslizar aquí la etimología de esa palabra griega.

Protagonista quiere decir el primero en la batalla.

Y en ese momento...

de tanta obcecación y obstinación ideológicas, pues Álvaro Gómez fue uno de los abanderados de ese conservatismo que salió al campo de batalla a partir sus lanzas con el liberalismo.

Esa atroz guerra civil no declarada, que en la historiografía colombiana por lo general se nombra siempre con el mote de la violencia.

En letras mayúsculas, esa guerra acaba en una especie de armisticio, un proceso de paz que es el inicio del llamado Frente Nacional.

Otro momento de la historia en el que Álvaro Gómez también fue protagonista.

Por eso digo que su biografía sirve para ir espigando en todas las tensiones y conflictos, sobre todo de la política y el poder del siglo XX colombiano.

Hasta los momentos finales de esa vida.

en que Gómez ya ha sufrido todo el proceso de la madurez, de la decantación de sus ideas, de su concepción del mundo, de lo que él mismo llamaba el talante.

Y había pasado también por la experiencia traumática.

del secuestro a manos del movimiento guerrillero M-19 en 1988 y después de ese momento pues él va a abanderar uno de los procesos de cambio más perdurables y fértiles de la historia reciente de Colombia que es el proceso constituyente de 1991 Ese proceso constituyente, entre otras, empieza con todas las conversaciones y todos los diálogos que condujeron a la liberación a mediados de 1988 de Álvaro Gómez.

Ese fue el detonante que terminó abriendo una gran cantidad de caminos para que, a instancias del gobierno del presidente Virgilio Barco, se hiciera posible El proceso de paz con el M-19 y luego ya con ese grupo integrado a la vida civil, pues vienen las elecciones presidenciales del año 90 y muy pronto todo ese proceso político y jurídico que va a desembocar en la Asamblea Constituyente del 91.

en la que Álvaro Gómez fue una de las figuras emblemáticas, entre otras cosas porque fue él quien urdió, quien tejió una coalición inesperada con sus captores, con sus secuestradores de la víspera, con el movimiento M-19, para que allí en la constituyente hubiera un cambio de estilo desde el principio que terminó siendo el caldo de cultivo en el que afloraron esos principios y esos valores importantes.

del Estado Social de Derecho que se proclama ahí en esa constitución, que claro, como todas las constituciones, pues es perfectible, es imperfecta.

Las constituciones suelen ser, por suerte, textos en obra negra, porque las constituciones no son programas de gobierno, ni son fórmulas matemáticas.

más bien son unos valores fundamentales que resumen lo que significa una sociedad, los principios en los que esa sociedad se encuentra y se identifica.

a partir por lo general de un consenso que es no sólo escrito y positivo y del derecho sino también un consenso histórico que recoge pues toda la experiencia de los años y los siglos y los pueblos que terminan reflejándose en un texto constitucional histórico¿ Qué debe lograr sobre todo eso?

La armonía y la pluralidad de las sociedades que, de alguna manera, definen allí su forma de ser y su destino para seguir caminando hacia el futuro.

Pero las constituciones son solamente eso, un marco de referencia, un asidero.

La constitución que regía en Colombia antes de la del 91, que era la constitución de 1886, reflejaba todo un proceso histórico que era el fin de las guerras civiles del siglo XIX y luego la clausura del experimento del federalismo y del radicalismo desde 1863 y fue una constitución que tuvo vigencia a lo largo de casi todo el siglo XX y que de alguna manera reflejaba unos principios de la identidad nacional, aunque en ese relato muchas otras formas existían.

de lo que significa ser colombiano, se habían quedado no solo por fuera, sino que habían sido marginadas, repudiadas.

O sea que en los años 90 del siglo pasado, y a instancias también, de ese momento traumático de la guerra entre el Estado colombiano y los carteles de la droga, pero también en el contexto siempre de la disolución y la violencia guerrillera, ahí a finales de los años 80, esos años horribles atravesados por la sangre, la violencia, la muerte, pues ahí se abre un resquicio, se abre una ventana que le empieza a dar un nuevo aire a A la sociedad colombiana y todo ese proceso desemboca en la constituyente y luego en la constitución de 1991, que tiene muchos críticos, que tiene muchos censores y eso está bien.

Los textos constitucionales pueden criticarse.

Pueden reseñarse de manera minuciosa y rigurosa, incluso pueden transformarse, pueden cambiarse, porque eso hace parte de su naturaleza.

Lo otro es que no podemos estar manoseando la constitución al vaivén, además de los caprichos de los caudillos y de los partidos, porque entonces las constituciones pierden su razón de ser.

Y dejan de ser ese acuerdo sobre lo fundamental para convertirse en credenciales banderizas de las sectas y los movimientos que quieren influir con sus obsesiones y con sus prejuicios en ellas.

La constitución de 1991 tiene varios defectos, pero también tiene varias virtudes.

Una de ellas es esa aspiración pluralista y abierta que buscaba encontrar un Unas formas de la identidad colombiana que trascendieran el prejuicio y el arquetipo que había quedado consagrado en la Constitución de 1886, que además fue evolucionando con el tiempo, también fue objeto de muchas reformas porque las constituciones también suelen concebir los instrumentos para ser modificadas y para ser modificadas.

transformadas pero a instancias de las necesidades de la historia y de grandes diálogos que tienen que darse en una sociedad para que una decisión de esas dimensiones pues salga bien lo cierto también es que la constitución de 1886 se había hecho casi irreformable A lo largo de sus distintas modificaciones, pero sobre todo desde el plebiscito de 1957, cuando se sentaron las bases de lo que se llamó el Frente Civil o luego el Frente Nacional para acabar con la guerra bipartidista, con la guerra civil francesa.

No declarada liberal conservadora, la constitución de 1886 era casi irreformable.

En 1968 hubo una reforma constitucional y luego en el gobierno de Virgilio Barco.

Entre 1986 y 1990 hubo varios intentos por reformar la Constitución con acuerdos políticos en el Congreso y nunca se pudo hasta que al final viene el proceso constituyente del 91.

Y ahí aparece de nuevo la figura de Álvaro Gómez Hurtado, que ya digo, había sido secuestrado por el M-19 y ese proceso de su liberación termina siendo de alguna manera la llave que abre ese candado de esa especie de cerrazón institucional política.

Y todo eso al final se expresa en una concepción de nuestra sociedad y de lo que somos como nación y como país, pues que fue el resultado también de unos diálogos muy intensos bajo la amenaza, además de la violencia narcoterrorista en esa constituyente de 1991.

Álvaro Gómez empezó la vida política y periodística desde muy temprano, desde niño.

No concibió ni conoció otra forma de estar en el mundo.

Eso tiene que ver, claro, con el hecho de que fue el hijo de Laureano Gómez Castro, uno de los grandes caudillos del conservatismo colombiano y también una de las figuras más polémicas y complejas de la historia de la primera mitad de nuestro siglo XX.

El estigma y la sombra de haber sido el hijo de Laureano Gómez, pero también uno de sus mejores interlocutores e intérpretes, acompañó a Álvaro Gómez para siempre.

Ese es uno de los hechos importantes.

que determinan su vida para bien y para mal y él asumió esa condición con orgullo filial Y con un compromiso ideológico en el que jamás renegó de ser quien era.

Por el contrario, era algo que reivindicaba a veces hasta con sobreactuación, sin avergonzarse, porque él le daba una interpretación al lugar propio.

de Laureano Gómez en la política y en la historia colombiana en la primera mitad del siglo XX, pues que tenía una gran cantidad de matices que se escapan un poco a esa lectura esquemática y no exenta de prejuicios en la que Laureano Gómez es siempre el sinónimo de de la violencia, el fanatismo, la instigación sectaria.

Algo de eso pues es así y la historia lo cuenta, pero esa historia también se ha ido tejiendo muchas veces con no pocos sesgos partidistas y desde las heridas sociales que nunca se cerraron, que nunca cicatrizaron, que nunca fueron restañadas justamente de la guerra civil no declarada y de la violencia liberal conservadora.

hay que tratar de pensar y darle varias vueltas de tuerca a la manera en que contamos y escribimos y vamos construyendo nuestra historia.

La historia no podrá ser jamás objetiva, la objetividad realmente no existe, pero la historia se enriquece con distintas visiones Y cuando se van superponiendo distintos relatos que reflejan y recogen distintas formas de ver un mismo proceso.

En la historiografía de la violencia colombiana en el siglo XX y sobre todo con el predominio cultural indudable del liberalismo.

después del Frente Nacional, sobre todo con sus grandes aparatos periodísticos y mediáticos que definieron la verdad oficial y una cantidad de principios canónicos que se fueron convirtiendo en verdades reveladas de la cultura colombiana en ese discurso Maniqueo, que siempre necesitaba héroes y villanos, que siempre necesitaba buenos y malos, pues la figura de Laureano Gómez y luego la de su hijo Álvaro, cazaban de manera perfecta y arquetípica con ese relato binario y maniqueo en el que ellos fueron responsabilizados de manera absoluta y excluyente de todos los estragos y los horrores de la violencia bipartidista desde los años 30 hasta la dictadura de Rojas Pinilla y luego el Frente Nacional en los años 50.

Sus interlocutores, en cambio, sus contradictores, quedaban del lado de la defensa irrestricta de la democracia, de la libertad, de la paz y de la convivencia.

Por supuesto que un relato así...

no se sostiene en las fuentes y en la realidad, porque la realidad suele ser muchísimo más compleja.

Y esto no implica exculpar a Laureano Gómez y a sus seguidores, empezando por su hijo Álvaro, sobre todo en su juventud tan combativa de soldado de la causa conservadora.

Esto no implica...

librarlos de esa responsabilidad y negar muchas veces la deriva sectaria que fue guiando su discurso y sus acciones a lo largo de esos años desgarradores y dramáticos.

El problema es que en fenómenos de ese tipo no hay un solo responsable, no hay un solo culpable.

Claro, hay distintos grados de responsabilidad y distintos grados de culpabilidad.

Pero lo cierto es que allí muchos se dejaron arrastrar de lado y lado en ambas orillas por esa especie de locura sectaria, fanática, besánica, en la que además se iba dando un proceso perverso en el que los caudillos atizaban a las masas, desde los directorios, desde los periódicos, desde los clubes a los que iban, que solían ser además los mismos, desde la radio que se vuelve el instrumento por excelencia de la prédica política ante un pueblo, como lo ha dicho un historiador y arquitecto en un libro reciente, Carlos Roberto Pombo, en un...

pueblo que estaba además poseído por el licor, por el trago, que vivía siempre borracho y que estaba además a la expectativa de continuar de alguna manera esa especie de eco y de las guerras civiles del siglo XIX, cuyas pavesas y brasas ya se habían apagado.

La última guerra civil de Colombia fue la Guerra de los Mil Días, entre finales del siglo XIX y los dos primeros años del siglo XX.

cuyo corolario va a terminar siendo además la pérdida, la separación de Panamá y ahí vienen una serie de traumas políticos que Colombia no puede ni purgar, ni expiar, ni gestionar bien en esa primera mitad del siglo XX y todo se sale de cauce, pero también había en la militancia partidista un una sensación de que eventualmente la violencia era la continuación de la política por otras vías.

Y los caudillos allí, muchos de ellos, y no exculpo en absoluto a Laureano Gómez, que tiene una participación protagónica en ese proceso, los caudillos fueron indolentes, fueron irresponsables, porque atizaron, El fanatismo, atizaron el sectarismo, que fueron la gasolina que prendió ese incendio que va a durar tres décadas y que se lo fue tragando todo.

Hay algo que hay que decir cuando pensamos en la biografía y la vida de Álvaro Gómez y es que no se puede desligar entonces de la sombra y la presencia y la influencia de Laureano Gómez.

Álvaro Gómez fue candidato presidencial tres veces y Y aunque era un personaje lleno de talentos, conocía el país como pocos, era un excelente expositor, era un orador, era un periodista que escribía con claridad y con un estilo muy caracterizado y que había hecho libros y digamos que era también un ideólogo.

cuya cauda tenía mucha fidelidad.

Álvaro Gómez no pudo llegar al poder, aunque influyó mucho en la vida colombiana y su impronta está en muchas instituciones y está en la Constitución de 1991, que es como su consagración política, pues él no llegó a la presidencia de la República que era un objetivo que lo desveló siempre, pero no porque fuera un fin en sí mismo, sino porque ese era el camino que él buscó para transformar una sociedad humana.

que sentía que no funcionaba y que no había tenido el destino de progreso y prosperidad que se merecía.

Esa fue también una de sus grandes obsesiones desde niño.

El progreso, el desarrollo.

Y la idea de que Colombia, con todas las posibilidades que tenía, podía salir de la miseria y podía salir de la pobreza.

Y que la solución estaba, sí, en la política.

Y por eso había que transformar la política para que no se convirtiera en ese...

pozo infértil de intrigas y de rencillas y de conflictos que al final terminaban siendo también la causa de nuestro atraso y de nuestra miseria De manera que la vida de Álvaro Gómez no se puede pensar sin la influencia de Laureano Gómez, pero son personajes cada uno de su tiempo muy distintos.

Laureano Gómez nace en la década de los 70 del siglo XIX.

Su familia viene de provincia, él nace en Bogotá, pero su familia es de origen norte santandereano, conservadores, católicos, y él fue educado por la compañía de Jesús en un momento crucial de la vida católica en Occidente, cuando ya han pasado los papados de Pío IX y de León XIII.

que son también transformadores en la historia del catolicismo, porque allí la iglesia católica busca hacerles frente a una cantidad de movimientos que se han dado en la vida europea y en la vida occidental.

para tratar de gestionar la industrialización, la proletarización, toda esa etapa del capitalismo industrial de la segunda mitad del siglo XIX, que es un momento de auge económico, también con el imperialismo y también con el colonialismo, pero al mismo tiempo un momento de muchos conflictos sociales y de pauperización, que es además el territorio en el que van apareciendo una serie de doctrinas, de ideologías, de formas de pensar que buscan desde la acción directa, además, pues conjurar todos los estragos del capitalismo industrial descrito de manera desgarradora por los novelistas del siglo XIX ahí en Europa para empezar Charles Dickens desde los años 30 y 40 y 50 pero entonces una respuesta a ese mundo está por ejemplo en el anarquismo está también en el marxismo y la iglesia al final se ocupa de a responder a ese desafío desde el punto de vista filosófico con unas transformaciones, con una vocación de apertura, pero también en otros casos afianzando muchos de sus principios que los católicos consideraban eternos.

Y entonces Laureano Gómez es un poco el resultado de de ese proceso de criba y de cantamiento intelectuales del catolicismo nacionalista a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, pero luego él estudia ingeniería y tiene esa visión binaria sin matices de los ingenieros, además con una vocación que se le reconoce muy poco y es la de la teología.

A Laureano Gómez lo que le interesaba de verdad era la ingeniería por un lado, el dominio de la materia y por el otro lado la teología desde la patrística hasta los grandes debates de su tiempo y luego se inaugura como un agitador político en esa Colombia de principios del siglo XX desgarradora por la separación de Panamá, por la dictadura de Rafael Reyes, luego por la conmemoración del primer centenario, una conmemoración caprichosa y arbitraria y artificial como tantas o como todas, del primer centenario de la independencia de nuestro país en 1910 y luego ya toda esa discusión generacional entre los jóvenes que habían aparecido en ese momento de la vida colombiana, la generación del centenario, que eran López Pumarejo, Olaya Herrera, Eduardo Santos, el propio Laureano Gómez, contra quienes encarnaban el pasado, un pasado anquilosado, acartonado, marcado además por eso que se llama la hegemonía conservadora.

casi 40 años de predominio político desde el gobierno de un solo partido, mientras el Partido Liberal había sido marginado desde la última guerra civil, con algunos paréntesis, con el interregno del republicanismo, entre 1910 y 1914 y con algunas coaliciones en las que algunos liberales podían entrar al gobierno, pero siempre era el Partido Conservador el que gobernaba, no de manera monolítica tampoco, porque había debates dentro del propio conservatismo.

Ese es el mundo en el que, en cambio, nace Álvaro Gómez Hurtado en mayo de 1919.

poco antes de que se firmaran los acuerdos definitivos que clausuraron la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, en el Salón de los Espejos en Versalles, con la humillación y la rendición absoluta de Alemania.

Pero a Álvaro Gómez le gustaba también pensar en la fecha de su nacimiento, como un hecho agorero marcado por un fenómeno estelar, siguiendo un poco la tradición de la antigüedad en Babilonia y sobre todo en Roma, en la que esos fenómenos de las estrellas y de los astros y del cielo de alguna manera servían como un presagio y un augurio para pensar en el destino de la gente.

Y cuando Álvaro Gómez nace muy pocos días después, ocurre un eclipse total de sol.

Y un fotógrafo y científico inglés en una isla en el África Occidental, en la isla de Príncipe, toma una foto de ese eclipse y esa foto sirvió casi como comprobación material de de la teoría general de la relatividad que había postulado Albert Einstein era un cambio radical en la concepción del mundo desde el punto de vista científico y desde el punto de vista de la física pero también esa transformación se va expresando en lo social, en lo cultural, en lo político Dos años antes de que naciera Álvaro Gómez, se dio el estallido de la revolución bolchevique en Rusia.

El primer momento en el que la concepción del mundo del marxismo, de Marx y de Engels, se va a expresar en un gobierno bolchevique.

que se vende como una utopía que ya empieza a dejar sus primeros testimonios históricos que van a marcar todo el siglo XX, por eso para Álvaro Gómez el comunismo era lo que él llamaba un compañero de viaje.

Él encontraba en la revolución bolchevique un signo agorero equivalente casi al del eclipse total de sol que va a marcar toda la discusión moral del siglo XX.

Para él esos eran los dos territorios principales, el de la política, el de la moral, que tenía una dimensión importante, intelectual, filosófica, estética, cultural, pero entonces él sentía que había nacido en una encrucijada que había marcado ese siglo que él vivió en la primera línea, que él vivió.

Vivió como un protagonista desde muy niño por ser el hijo de Laureano Gómez, pero el mundo que le tocó a él era muy distinto.

Primero como un conservador desde la cuna, pues hacerle frente...

al comunismo, hacerle frente al marxismo y al leninismo y a esos testimonios utópicos que habían surgido allí en el modelo de la revolución soviética que él se esmeró en entender y en criticar con rigor Claro, de manera descarnada, porque él veía ahí todas las fisuras y falacias y todos los horrores, además, que termina engendrando esa utopía sangrienta de la Unión Soviética.

Pero esa crítica la hace desde el conocimiento humanista.

hondísimo que tiene de esa tradición intelectual a la que no osa despreciar jamás todo lo contrario es un conocedor milimétrico de ese mundo que él necesita conocer como el que más para poder luego combatirlo Y por el otro lado, en el plano de la moral, esa idea que tiene de que a él le toca un mundo en el que ya no hay ideas absolutas y en el que todo se va volviendo relativo y hay unas claves que explican la moral humana por fuera de unos principios casi aristotélicos y de Santo Tomás en los que él había creído.

Por eso le parecía a Álvaro Gómez que la otra gran filosofía Y una filosofía de la historia casi que había influido en el siglo XX era el psicoanálisis, sobre todo en la vertiente freudiana.

Para Álvaro Gómez, los dos hechos intelectuales más influyentes del siglo XX, claro, eran el marxismo y el psicoanálisis de Freud.

Ambos productos casi totalitarios.

de los años finales del siglo XIX, en el caso de Marx desde los años 40 del siglo XIX y ya Freud con su prédica a principios del siglo XX, pero ese es el mundo que le toca a Álvaro Gómez de niño, además en una circunstancia privilegiada porque su padre fue embajador en Buenos Aires a finales de los años XX y Y ahí Álvaro Gómez asistió al espectáculo de esa ciudad que era una de las capitales del mundo.

Argentina era una potencia económica.

Entonces él ve cómo en el nuevo mundo...

La riqueza y la prosperidad y la opulencia y el refinamiento sí eran posibles en el ámbito de la herencia hispánica.

Era muy niño, pero él empieza a dimensionar un poco esos contrastes entre los distintos modelos de desarrollo que no son sino modelos políticos para pensar en las sociedades y su futuro.

Luego también a finales de los años 20 la familia Gómez se va a vivir a Europa y ahí en Europa pues tanto Laureano como Álvaro cada uno desde su perspectiva y desde su edad pues se van encontrando con todas esas transformaciones que se están dando en esa Europa de las entreguerras.

Están primero en Bélgica, luego están en Francia y allí en Francia, en 1930, asisten al desplome de la hegemonía conservadora en Colombia y al triunfo de la llamada República Liberal.

El Partido Conservador estaba dividido entre dos candidatos, Guillermo Valencia y Alfredo Vázquez Cobo, Y esa es una de las razones por las cuales se cae del gobierno del Partido Conservador.

Pero no es la única razón, porque además esa razón es casi anecdótica.

También es que en el mundo entero se está dando un estremecimiento político desde la crisis económica del año 29 en los Estados Unidos con cuyas ondas de irradiación llegaron a todas partes y eso termina marcando la vida europea, la vida de Occidente y el mundo todo resintió los estragos de ese proceso global.

histórico económico entonces pues eso es lo que les toca ver a los Gómez cuando llegan en 1928 a Europa y están primero en Bélgica Álvaro Gómez entra al célebre colegio de San Michel luego está en París y cuando se da el triunfo del liberalismo en 1930 uno de los grandes artífices de de ese cambio de piel, de ese cambio de régimen, que era Alfonso López Pumarejo, diría yo que el gran artífice de la victoria liberal en 1930.

Y el primero...

que advirtió desde hacía mucho que el Partido Liberal tenía que prepararse para asumir las riendas del gobierno y del Estado, mientras en su propio bando había muchos escépticos.

López Fumarejo se había hecho muy amigo de Laureano Gómez por razones políticas, habían coincidido en la Asamblea de Cundinamarca, luego habían participado ambos, en un episodio que no los honra en absoluto que fue la conspiración para tumbar a Marco Fidel Suárez del gobierno un hecho que ocurre en 1921 enrostrándole a Suárez una cantidad de actos pues que realmente habían ocurrido pero que tenían también una razón terrible y dolorosa y es que su hijo había muerto por cuenta de la peste de la pandemia de la gripa H1N1 en los Estados Unidos y Marco Fidel Suárez, que era un hombre honorable y muy pobre, esa época en la que los presidentes de Colombia salían más pobres de lo que entraban al gobierno, pues Suárez termina renunciando porque le enrostran que ha ignorado sus gastos de representación y es un escándalo en realidad en un momento también de mucha crisis social y política.

Había habido un levantamiento de los artesanos y sobre todo del gremio textilero en la Bogotá de 1919 y Suárez tuvo un gobierno político Pues en una pendiente ríspida y muy difícil de superar, se va del gobierno y los que realmente lo tumban son López Pumarejo y Laureano Gómez, que están aliados por una sintonía generacional, por una cuestión...

más bien de los principios que comparten porque tienen la misma edad y porque saben que el mundo ahora les pertenece a los jóvenes y que hay que sacudirse de esa especie de régimen anquilosado.

y colonial en el que todavía están sonando las campanas de los templos en Bogotá y eso hay que cambiarlo y entonces estos dos personajes se han hecho muy pero muy amigos y aliados políticos y cuando el Partido Liberal llega al poder pues López Pumarejo es nombrado embajador en Londres y lo primero que hace es violar viajar a Francia a una entrevista con Laureano Gómez para persuadirlo de que entre al gobierno liberal.

Laureano Gómez había tratado de incidir en esas elecciones en las que el Partido Conservador se había dividido entre Guillermo Valencia y Vázquez Cobo.

Laureano propuso el nombre de José Vicente Concha para que ese nombre que tenía mucho prestigio en las filas conservadoras liquidara la división del partido.

No lo logró, finalmente gana Enrique Olaya Herrera y Olaya le da la bendición al empeño de López Pumarejo de que Laureano entre al gobierno español.

en lo que muy pronto será la República Liberal.

Laureano, por supuesto, era escéptico y él vio con horror, nostalgia y tristeza desde su refugio en la costa vasca de San Juan de Luz, donde se hizo amigo y contertulio de Miguel de Unamuno y ahí estaba Álvaro niño que conoce a Unamuno y un día lo ve en una de esas playas del Cantábrico y se le acerca y Don Miguel estaba haciendo una pajarita de papel.

Era un experto en el arte del origami y Álvaro Gómez le pide que le enseñe y Unamuno termina enseñándole a Álvaro a hacer...

Figuras con las manos y el papel, un arte en el que brilló siempre.

En un segundo podía ser figuras deslumbrantes Álvaro Gómez, casi como un gesto de evocación y admiración por semejante personaje y escritor de la cultura hispánica de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

uno de los miembros mayores de la generación del 98, don Miguel de Unamuno, y ahí en San Juan de Luz llega la noticia de que las elecciones se han perdido, los liberales han ganado y muy poco después López Pumarejo va y busca a Laureano y le dice nosotros nos jugamos la piel en una serie de procesos políticos violentos Desde el combate contra la dictadura de Reyes en 1909 y luego en nuestra coalición para tumbar a Suárez, nosotros lo que queríamos era llegar al poder y este es el momento de nuestra generación.

Laureano le dice López Pumarejo y usted tiene que entrar al gobierno.

Laureano acepta y entonces es nombrado embajador en Alemania.

Se va con su familia a esa vieja casa de la embajada colombiana ahí en Berlín, que hoy ya no existe, en la Schluter Straße, y empieza Laureano a ser el representante del gobierno de Colombia en esa Alemania agitadísima en la que en las calles se están enfrentando los defensores del bolchevismo y del gobierno soviético con...

los militantes ya del Partido Nacional Socialista de los Trabajadores, el partido nazi.

Y eso fue lo que vio Álvaro de Niño y también tuvo una influencia para siempre en su vida, en su concepción de la política, en su concepción del poder.

Fue una experiencia muy aleccionadora para ambos.

Hoy, por desgracia, se nos acabó el tiempo de esta salida por la conmemoración para mí de verdad muy dolorosa del asesinato hace 30 años de Álvaro Gómez Hurtado.

en Bogotá.

Seguiremos en nuestra próxima salida para cerrar pues esta aproximación a su biografía y a sus luces y sus sombras.

Acompáñennos ahí en la siguiente entrega.

Un abrazo a todos.

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