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Ízbor, Granada en La España Barbaciada

January 26
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Hoy vamos a hacer una excepción. Le vamos a pedir un esfuerzo titánico al Seat 131 Supermirafiori. Vamos a cruzar media España, bajando todo el sistema ibérico y Despeñaperros para abajo, para meternos casi 700 kilómetros entre pecho y espalda. Gonzalo ya me ha dicho que el coche huele a ferodo quemado, pero hemos llegado a la provincia de Granada, concretamente a la comarca del Valle de Lecrín. Nuestro destino oficial es el municipio de El Pinar, pero no os encariñéis con el nombre, porque El Pinar es un invento administrativo de 1976. Es el "Frankenstein" de ellos, formado por la fusión de Pinos del Valle y nuestro verdadero protagonista de hoy: la pedanía de Ízbor.
El municipio en total tiene unos 870 habitantes, pero en Ízbor viven, según el último recuento y si no se ha ido nadie a por tabaco, unas 300 almas. Geográficamente, estamos en el Valle de Lecrín, que viene del árabe Iqlim al-Qassab, que significa "Valle de la Caña de Azúcar", aunque los románticos dicen que es el "Valle de la Alegría". Vamos, La Comarca de los Hobbits de ellos, pero con más cuestas y menos pelo en los pies.
Pero hablemos de Ízbor. Porque, amigos, con ese nombre, Ízbor no parece un pueblo de Granada. Ízbor suena a fortaleza de la Tierra Media. Suena a Isengard, a Erebor, a Mordor con geranios. Tú escuchas "Ízbor" y esperas ver orcos saliendo del Ayuntamiento o a Saruman asomado al campanario. Su gentilicio es izboreño o izboreña, aunque yo propongo oficialmente "Uruk-hai".
El pueblo está encaramado en una ladera que ríete tú de la escalada al Monte del Destino. Si no os habeis dado cuenta todo esto va a estar lleno de chistes de El Señor de los Anillos e Izbor. Las calles son tan estrechas y empinadas que aquí no sube el butano, aquí el butano se teletransporta. Es un entramado urbano de herencia claramente musulmana, porque recordemos que esto fue territorio Nazarí. De hecho, su nombre original era Hisn Isbur, que significa Castillo de la Torre, o literalmente Castillo de Ízbor, del que apenas quedan restos bajo las casas actuales, porque el pueblo se lo comió.
Pero si hay una cosa que define a Ízbor son sus puentes. No tienen uno, ni dos... tienen una colección. Tienes el viaducto nuevo de la autovía (que es el futuro), el puente de hierro de los años 90, y el famoso Puente de Isabel II, una obra de ingeniería del siglo XIX que fue clave para bajar a la costa. Pero ojo, que debajo de este, casi escondido como si fuera la entrada secreta a Moria, está el verdadero Puente Viejo de Ízbor. Es un puente de piedra de un solo ojo, chiquitito, que data de finales del siglo XVI o principios del XVII. Aunque todo el mundo allí te dirá que es romano porque en este país cualquier piedra vieja es romana hasta que se demuestre lo contrario, la realidad es que servía para el paso de arrieros. Tú te pones en medio de ese puente, con el barranco debajo, y te faltan el bastón y la barba para gritar: "¡No puedes pasaaar!".
Su patrimonio religioso lo encabeza la Iglesia Parroquial de San José. Nada de Purísimas (aunque en algún documento antiguo la llamaran Concepción), aquí manda San José. Es un templo construido a mediados del siglo XVI por dos currelas llamados Cristóbal y Álvaro de Miranda. Es humilde como ella sola. De hecho, hay un informe de 1621 que decía que la iglesia era tan pobre que no tenía ni Santísimo Sacramento ni pila bautismal. Vamos, que era una iglesia low cost. Tiene una armadura de madera de par y nudillo (lo que se llama estilo mudéjar, para que nos entendamos) y una torre donde está la entrada.
Las fiestas patronales se celebran en pleno agosto, concretamente el primer fin de semana, en honor a San Cayetano. Ahí no hay orcos, pero hay verbena, procesión y la "noble tradición" de hacer concursos de postres y carreras de cintas. San José tiene su día el 19 de marzo, pero tenemos un dato dramático: en 2024 se planteó cancelar la procesión porque no había gente joven suficiente para cargar el santo. El drama de la España vaciada, o mejor dicho, la España sin costaleros.
Como curiosidad final, a este municipio pertenece el pueblo fantasma de Tablate, que está al lado. Es la puerta de la Alpujarra, un sitio abandonado con su propia iglesia y su puente estratégico, ideal para rodar una de miedo o para que Iker Jiménez se pase una noche.
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