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Episode Description
Con el sabor a galleta María todavía en el paladar, le damos un buen apretón al 131 Supermirafiori porque hoy tenemos tirada larga. Salimos de Ampudia, cruzamos la provincia de León de este a oeste, saludamos a la catedral de lejos para no pagar peaje, y tras casi 175 kilómetros nos plantamos en la comarca de El Bierzo. Llegamos a la localidad de Molinaseca.
Estamos en la antesala de Galicia, y se nota en el ambiente y en que si te descuidas te ponen de comer hasta que revientes. Molinaseca tiene 872 habitantes, y su gentilicio es molinasecano o molinasecana.
El pueblo es, literalmente, el Camino de Santiago. Es la primera parada de los peregrinos después de bajar la Cruz de Ferro y dejarse las rodillas en el descenso. Entran al pueblo cojeando, pero con la moral alta porque saben que aquí hay vino Mencía.
El origen del pueblo está ligado al Puente de los Peregrinos, un puente romano (aunque retocado en la Edad Media) que cruza el río Meruelo. Los romanos pasaban por aquí no por devoción, sino porque buscaban oro en las minas de las Médulas, que están aquí al lado. Siempre ha sido un pueblo de paso, de gente yendo y viniendo, lo que lo convierte en el primer "Área de Servicio" de la historia medieval, pero con más encanto y sin sándwiches de plástico a 6 euros.
Su patrimonio es una calle: la Calle Real. Si te sales de la Calle Real te has caído al río o te has subido al monte. Allí está el Santuario de las Angustias, que tiene una puerta con chapas de hierro. La leyenda dice que se pusieron esas chapas porque los peregrinos, que son muy de llevarse recuerdos, arrancaban astillas de la puerta a navajazos para llevárselas de reliquia. El vandalismo turístico no lo inventaron los ingleses en Magaluf, viene de lejos.
Pero si hay algo por lo que Molinaseca merece estar en la España Barbaciada es por su Fiesta del Agua. Se celebra en agosto, coincidiendo con San Roque y la Virgen de las Angustias. A las 8 de la mañana (sí, habéis oído bien, a las 8, cuando todavía no te has acostado de la verbena), sueltan las compuertas del río, inundan la calle Real y se lía una batalla campal de calderazos de agua. Cubos, ollas, pistolas de agua... todo vale. Es la única fiesta donde te puedes duchar vestido y que nadie te mire raro. Luego, para secarse y entrar en calor, se comen un buen botillo, que es el embutido rey del Bierzo. Tripa de cerdo rellena de costilla y rabo. Una comida ligera, ideal para antes de hacer aquagym.
Estamos en la antesala de Galicia, y se nota en el ambiente y en que si te descuidas te ponen de comer hasta que revientes. Molinaseca tiene 872 habitantes, y su gentilicio es molinasecano o molinasecana.
El pueblo es, literalmente, el Camino de Santiago. Es la primera parada de los peregrinos después de bajar la Cruz de Ferro y dejarse las rodillas en el descenso. Entran al pueblo cojeando, pero con la moral alta porque saben que aquí hay vino Mencía.
El origen del pueblo está ligado al Puente de los Peregrinos, un puente romano (aunque retocado en la Edad Media) que cruza el río Meruelo. Los romanos pasaban por aquí no por devoción, sino porque buscaban oro en las minas de las Médulas, que están aquí al lado. Siempre ha sido un pueblo de paso, de gente yendo y viniendo, lo que lo convierte en el primer "Área de Servicio" de la historia medieval, pero con más encanto y sin sándwiches de plástico a 6 euros.
Su patrimonio es una calle: la Calle Real. Si te sales de la Calle Real te has caído al río o te has subido al monte. Allí está el Santuario de las Angustias, que tiene una puerta con chapas de hierro. La leyenda dice que se pusieron esas chapas porque los peregrinos, que son muy de llevarse recuerdos, arrancaban astillas de la puerta a navajazos para llevárselas de reliquia. El vandalismo turístico no lo inventaron los ingleses en Magaluf, viene de lejos.
Pero si hay algo por lo que Molinaseca merece estar en la España Barbaciada es por su Fiesta del Agua. Se celebra en agosto, coincidiendo con San Roque y la Virgen de las Angustias. A las 8 de la mañana (sí, habéis oído bien, a las 8, cuando todavía no te has acostado de la verbena), sueltan las compuertas del río, inundan la calle Real y se lía una batalla campal de calderazos de agua. Cubos, ollas, pistolas de agua... todo vale. Es la única fiesta donde te puedes duchar vestido y que nadie te mire raro. Luego, para secarse y entrar en calor, se comen un buen botillo, que es el embutido rey del Bierzo. Tripa de cerdo rellena de costilla y rabo. Una comida ligera, ideal para antes de hacer aquagym.
