Episode Description
ha sido una semana sin noticias, pero con una notica que ha dado mucho que hablar por lo ocurrido en tan sólo 33 horas.
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Notas del programahoy vamos a hablar de Mateo Carlos… en concreto, de Matthew Charles Mullenweg, al que, si me permitís, a partir de ahora llamaremos Matt.
Matt nació el 11 de enero de 1984 en Houston, Texas, hijo de un programador que trabajaba para una gran ingeniería y que puso ordenadores en casa desde muy pronto. La informática, en su caso, fue ambiente familiar antes que vocación.
Pero antes que el código llegó la música. Estudió saxofón jazz en la High School for the Performing and Visual Arts, y esa manera de entender el trabajo, con el improvisar, tocar en grupo, sacar cosas a menudo aunque no estén perfectas, se le quedó pegada para siempre. Y por eso no es casualidad que cada versión de WordPress lleve el nombre de un músico de jazz. La otra afición que le viene de esa época es la fotografía, que sigue practicando y que, curiosamente, ha acabado apareciendo en esta historia.
Aunque ya hemos hecho un poco de historia de WordPress, y nos queda un poco más, la historia empieza en 2003. Matt tenía 19 años, estudiaba Ciencias Políticas en la Universidad de Houston y usaba un pequeño sistema de blogs llamado b2/cafelog, que se había quedado huérfano cuando su desarrollador, el francés Michel Valdrighi, dejó de mantenerlo.
En enero escribió en su blog que alguien debería coger ese código y seguir adelante. Le respondió un desarrollador británico, Mike Little, y entre los dos hicieron el fork. El 27 de mayo de 2003 salió WordPress 0.7, nombre sugerido por su amiga Christine Selleck.
Y aquí hay un detalle que parece menor y no lo es: b2/cafelog estaba bajo licencia GPL, así que WordPress heredó la GPL desde el minuto uno. Esa herencia es la que explica toda la cultura de plugins y temas libres del ecosistema, y también es la que marca la frontera de lo que se puede y no se puede controlar. Porque el código es libre; la marca, no. Ahí está el germen del conflicto de los últimos dos años.
Ese mismo año, un cambio de licencias en Movable Type, que era el sistema de blogs más importante de la época, pero de pago, empujó a media blogosfera a buscar alternativa, y WordPress estaba ahí en el momento justo y el lugar exacto.
En 2004 dejó la universidad para irse a San Francisco a trabajar en CNET, con el acuerdo de poder dedicar parte de su tiempo a WordPress. Duró poco: en 2005 se marchó y fundó Automattic, cuyo nombre esconde su propio nombre dentro.
Automattic nació con una idea rara para la época: una empresa totalmente distribuida, sin oficinas, con gente trabajando desde cualquier parte del mundo. De hecho, llegó a cerrar su oficina de San Francisco porque casi nadie iba. Sus primeros productos fueron WordPress.com, el alojamiento gestionado, y Akismet, el antispam que todavía hoy tiene medio Internet instalado. Y en 2006 se celebró la primera WordCamp, también en San Francisco, el embrión de la red de eventos que hoy sostiene la comunidad en todo el mundo.
La jugada estratégica clave llegó en 2010, cuando se creó la WordPress Foundation y Automattic le cedió la marca registrada. Sobre el papel, la marca queda en manos de una fundación sin ánimo de lucro. En la práctica, el dominio wordpress.org sigue siendo propiedad personal de Mullenweg, y esa distinción, que durante quince años pareció un tecnicismo, es exactamente el nudo de todo lo que ha pasado desde 2024.
Luego está Audrey Capital, que mucha gente confunde con una empresa del grupo y no lo es. Es su vehículo personal de inversión ángel e investigación, fundado a finales de la década de 2000 y bautizado, según se cuenta, con el nombre de su gata.
Desde entonces ha participado en más de cien operaciones en startups de software libre, internet de consumo, inteligencia artificial y salud. Audrey también ha pagado el sueldo de contribuidores que trabajan en el proyecto WordPress, lo cual añade otra capa a un organigrama que ya de por sí no está nada claro.
En la parte de negocio, Automattic es una empresa privada, distribuida, sin oficinas centrales de verdad, valorada en 7.500 millones de dólares en su última ronda de 2021 y con casi mil millones levantados en total.
El dinero viene sobre todo de suscripciones: alojamiento en WordPress.com, Jetpack, WooCommerce y WordPress VIP para grandes clientes. A eso se suma una colección de compras muy variada: Akismet, Gravatar, WooCommerce en 2015, Tumblr en 2019, Day One, Pocket Casts, Texts.com y Beeper. La plantilla llegó a superar las dos mil personas y se redujo con fuerza tras el recorte del 16% de abril de 2025.
Y hay un dato que conviene retener para entender el final de esta historia: pese a todo ese capital levantado, Mullenweg nunca perdió la mayoría. Automattic es una empresa privada donde el fundador mantiene el control efectivo. No es un CEO contratado, es el dueño.
Y ahí está la tensión que lo explica casi todo: Matt es a la vez CEO de una empresa privada con inversores que esperan retorno, líder vitalicio del proyecto de software libre que sostiene el negocio, director de la fundación que guarda la marca y propietario personal de la infraestructura donde vive la comunidad.
Su iniciativa Five for the Future, de 2014, pedía a las empresas del ecosistema dedicar el 5% de sus recursos al proyecto. Diez años después, esa idea razonable se convirtió en la vara de medir con la que exigió a WP Engine un 8% de sus ingresos brutos, y de ahí salió el litigio que sigue vivo.
Y llegamos a hoy, o mejor dicho la última semana, donde comienza «el culebrón de las 33 horas»
El pasado miércoles 9 de septiembre, el consejo de administración de Automattic votó poner a Mullenweg en excedencia remunerada en contra de su voluntad.
Lo contó él mismo en el canal de anuncios de Slack, acusando al director financiero Mark Davies de haber conspirado con los consejeros Ann Dunwoody, Toni Schneider y Sue Decker.
Según su mensaje, recibió la resolución cincuenta minutos antes de la reunión y le negaron tiempo para que un abogado externo la revisara. La empresa confirmó por escrito la excedencia y el nombramiento de Davies como CEO interino, con la fórmula habitual de plena confianza en su liderazgo.
Nadie explicó los motivos. Y a día de hoy, siguen sin explicarse.
Desde WordPress.org, Mary Hubbard, que es la directora ejecutiva del proyecto y a la vez trabajadora de Automattic, salió rápido a tranquilizar a la comunidad: el cambio en la empresa comercial no afecta al proyecto de código abierto, Mullenweg sigue siendo su líder y los equipos continúan con lo previsto.
Que hiciera falta decirlo en voz alta ya dice bastante sobre lo entrelazadas que están las dos cosas.
Y entonces, giro de guion. Porque Mullenweg no se fue.
Lo interesante del caso es que no recuperó el puesto mediante una votación formal del consejo. Simplemente se negó a marcharse y se quedó con las llaves de casa. Echó del Slack corporativo al resto de administradores, la cuenta de Mark Davies apareció desactivada y empezó a publicar mensajes diciendo que todo estaba resuelto.
Abrió uno de ellos con un «Don’t call it a comeback», enlazó el vídeo de «Mama Said Knock You Out» de LL Cool J y se cambió el avatar por uno con sombrero y parche de pirata. También escribió que ahora era un pirata, con alguna palabrota incluida, algo llamativo en alguien conocido por no decir tacos jamás. Y añadió: si esto es un problema de recursos humanos, que alguien me controle, porque mis controladores habituales están con Mark Davies.
En X apuntó además que esta era probablemente la quinta vez que se enfrentaba a un golpe interno. Y cuando le preguntaron si todo aquello era trolleo, respondió que no era un troll, sino un pirata, obviamente. Prometió también un artículo explicando su vuelta; el artículo llegó, pero iba sobre el barco-casa que se había comprado.
El sábado 12, Automattic confirma el regreso
El sábado por la noche llegó por fin el comunicado oficial. Un portavoz declaró a TechCrunch que Mullenweg es presidente y consejero delegado de Automattic, con el apoyo total del consejo, y añadió que basta con mirar internet para ver a directivos y trabajadores respaldándolo, en referencia aparente a los mensajes de apoyo que él mismo llevaba días republicando en X.
El dato exacto lo dio después la propia empresa: estuvo apartado 33 horas y 20 minutos. Poco más de un día.
El 14 de septiembre, la junta entera, estaba de patitas en la calle.
Y aquí es donde el desenlace se vuelve realmente inusual. Los tres consejeros que votaron apartarlo ya no están.
Toni Schneider, primer CEO de Automattic y hoy al frente de Bluesky, renunció a su asiento, y llegó a borrar de su web personal el párrafo donde mencionaba su papel en la compañía. Sue Decker también dimitió: su perfil de LinkedIn indica ahora que estuvo en el consejo desde marzo de 2020 hasta septiembre de 2026. Y a la generala Ann Dunwoody la retiró directamente Mullenweg.
Preguntada por los cambios, Automattic declinó dar detalles, aunque reconoció que ha habido salidas. Todavía no se sabe quién compone el nuevo consejo.
El 16 de septiembre llega el día de los los paracaídas dorados
Porque entonces TechCrunch publicó los documentos que explican qué pasó durante esas 33 horas. Es la parte más surrealista de todo el asunto.
Mark Davies, el director financiero convertido en CEO interino, y Andy Missan, el director jurídico, firmaron cada uno el acuerdo de indemnización del otro, con fecha efectiva del 10 de septiembre. Es decir: se firmaron mutuamente el paracaídas mientras el fundador estaba apartado.
Cada acuerdo incluía doce meses de salario base en un pago único, vesting acelerado de sus acciones, la posibilidad de ejercer las opciones ya consolidadas y un año más de cobertura médica. Entre los dos, el paquete suma 8,15 millones de dólares que Automattic debería ahora, porque Mullenweg los despidió nada más volver.
El departamento legal está decidiendo si paga o impugna la validez de esos acuerdos. Hay otro detalle que ha alimentado las sospechas: según un documento de recursos humanos, Davies no tenía ya acciones de Automattic cuando salió, porque las habría vendido meses atrás, aunque sí conservaba un buen paquete de opciones ejercitables. Jordan Hinkes, el asesor jurídico general, también tiene la cuenta desactivada, aunque Mullenweg ha dicho en X que su salida estaba planeada desde hacía semanas porque se va a una startup de inteligencia artificial.
El 15 de septiembre llegó la artillería pesada legal
Y es que en paralelo, Automattic ha cambiado de bufete. Deja a Gibson Dunn y ficha a Stephen Shackelford y Shawn J. Rabin, de Susman Godfrey.
Y el fichaje es un mensaje en sí mismo. Shackelford fue co-director de la demanda de Dominion Voting Systems contra Fox News, la que acabó con un acuerdo de 787 millones y medio de dólares. Rabin es especialista en antimonopolio y litigios comerciales complejos, con un arbitraje reciente de 987 millones contra Walgreens a sus espaldas.
El anuncio lo hicieron en X con una frase que no deja lugar a dudas sobre el tono: dicen estar deseando trabajar juntos para luchar por la libertad y el open source. Contra quién exactamente, no lo especifican. Puede ser WP Engine, pueden ser sus propios exconsejeros, o puede ser la ofensiva contra las otras diez empresas de hosting que WP Engine reveló en su demanda de febrero.
Y aquí es donde quedan las dos lecturas posibles
TechCrunch plantea dos interpretaciones, y ninguna está confirmada.
La primera: el consejo actuó para proteger a la empresa. En julio, WP Engine acusó a Mullenweg de destruir pruebas, en concreto mensajes en Signal, WhatsApp y Telegram. Si los consejeros consideraban que aquello se había convertido en un riesgo corporativo serio, apartarlo y cambiar la dirección podía servir para demostrar al tribunal que se tomaban el asunto en serio, y de paso reducir sanciones o mejorar las condiciones de un acuerdo. Que Davies y Missan se blindaran a toda prisa encaja con quien sabe que, si la jugada sale mal, se va a la calle. Y salió mal.
La segunda es la que sospecha el propio Mullenweg: que el consejo buscaba crear una ventana de control temporal para alguna operación estratégica. Él mismo admite que nunca le dieron un motivo, así que está especulando igual que el resto; la falta de explicación y la venta de acciones del director financiero alimentaron sus sospechas y pesaron en su decisión de retomar el mando y barrer al consejo.
También está el factor propiedad, y el factor valoración
Porque nada de esto se entiende sin volver al principio: Mullenweg levantó mucho capital, pero mantuvo la mayoría. Un consejo puede votar lo que quiera; si el fundador controla las acciones, el pulso lo gana él. Y lo ha ganado.
Ahora bien, hay un contrapunto incómodo a dia de hoy. BlackRock, que entró en la ronda de 2021, lleva desde 2024 rebajando el valor que asigna a su participación. Y, según recogía Scripting News a partir de la última presentación del fondo ante la SEC, la marca habría caído hasta los 14,33 dólares por acción, frente a los 85 que pagó en su día, lo que implicaría una valoración de la compañía en torno a los 1.200 millones en lugar de los 7.500. Automattic no ha confirmado esas cifras, y conviene tomarlas como lo que son: la valoración contable de un inversor, no un precio de mercado. Pero la tendencia lleva dos años apuntando en la misma dirección.
Así que, como resumen
En cuestión de una semana, el consejo intentó apartar al fundador, el fundador se negó a irse, tomó el control de las comunicaciones internas, la empresa acabó confirmando su regreso, los tres consejeros que votaron en contra han desaparecido, dos directivos han sido despedidos con ocho millones largos en indemnizaciones en el aire, y de paso se ha contratado a uno de los bufetes más temidos de Estados Unidos.
Es un desenlace muy poco habitual en gobernanza corporativa: el fundador con control mayoritario le ha ganado el pulso a su propia junta directiva, y ha salido de la crisis con más poder del que tenía antes de empezar.
Lo que sigue sin saberse es lo esencial: por qué votaron apartarlo, quién forma el nuevo consejo, si esos 8,15 millones se pagan o se pelean en los tribunales, y si todo esto tiene conexión real con el caso WP Engine, porque oficialmente nadie la ha establecido.
Aunque, hay que dejar una cosa muy clara, y es importante: para quien tiene su web o su negocio montado sobre WordPress, el mensaje práctico es que el proyecto sigue funcionando igual y que las actualizaciones van a seguir llegando. El problema de fondo es otro: la gobernanza de la plataforma que mueve más del 40% de la web ha quedado retratada como algo que se decide, y se deshace, en un Slack privado, en poco más de treinta horas.