Episode Description
En este bloque de Crónicas Bárbaras, Pedro Herrero reflexiona sobre la cultura de la cancelación y sus profundas diferencias entre el mundo anglosajón y la tradición social española. Frente a la lógica estadounidense —marcada por la neurosis moral, la exclusión total y el aislamiento del cancelado—, Pedro defiende que en España persiste todavía una cultura comunitaria, heredera de una tradición católica entendida no como fe, sino como relación con el otro.
Pedro explica que, cuando una persona atraviesa un proceso de cancelación en España, no queda completamente sola: la familia, los amigos y los vínculos cotidianos suelen mantenerse. Acompañar, escuchar y permitir que la persona narre su experiencia se convierte en un proceso de reintegración, no de expulsión. Frente al castigo ejemplarizante, aparece la palabra, la confesión y la posibilidad de reconstrucción personal.
El bloque compara esta realidad con lo ocurrido en países como Estados Unidos o Canadá, donde el cancelado suele ser abandonado socialmente, perdiendo trabajo, relaciones y red de apoyo. Pedro traza incluso un paralelismo con lo que ocurrió en el País Vasco durante los años de ETA, cuando las víctimas del terrorismo eran aisladas por su entorno tras un asesinato.
La reflexión se amplía al mundo cultural y periodístico, denunciando una hipocresía moral estructural: discursos públicos de rectitud, feminismo y pureza ética que conviven con comportamientos privados conocidos por todos y silenciados por interés, miedo o conveniencia. Pedro critica el cinismo de un ecosistema donde nadie dice nada, pero todos saben.
También se aborda la lógica económica del sector cultural y editorial. Pedro sostiene que muchos productos mediocres, libros sin valor literario o figuras convertidas en “marca” pagan la fiesta de un sistema que permite sobrevivir a editoriales pequeñas y a escritores que no venden, evidenciando una convivencia inevitable entre mercado, hipocresía y creación cultural.
El bloque concluye con una idea central: vivimos en una sana hipocresía civilizatoria. Pretender importar modelos morales ajenos —protestantes, puritanos y punitivos— a una sociedad como la española no solo es artificial, sino profundamente destructivo para la convivencia y la comunidad política.
Una reflexión de fondo sobre cancelación, cultura, palabra y por qué no todo lo que viene de fuera encaja en nuestra forma de vivir juntos.
Pedro explica que, cuando una persona atraviesa un proceso de cancelación en España, no queda completamente sola: la familia, los amigos y los vínculos cotidianos suelen mantenerse. Acompañar, escuchar y permitir que la persona narre su experiencia se convierte en un proceso de reintegración, no de expulsión. Frente al castigo ejemplarizante, aparece la palabra, la confesión y la posibilidad de reconstrucción personal.
El bloque compara esta realidad con lo ocurrido en países como Estados Unidos o Canadá, donde el cancelado suele ser abandonado socialmente, perdiendo trabajo, relaciones y red de apoyo. Pedro traza incluso un paralelismo con lo que ocurrió en el País Vasco durante los años de ETA, cuando las víctimas del terrorismo eran aisladas por su entorno tras un asesinato.
La reflexión se amplía al mundo cultural y periodístico, denunciando una hipocresía moral estructural: discursos públicos de rectitud, feminismo y pureza ética que conviven con comportamientos privados conocidos por todos y silenciados por interés, miedo o conveniencia. Pedro critica el cinismo de un ecosistema donde nadie dice nada, pero todos saben.
También se aborda la lógica económica del sector cultural y editorial. Pedro sostiene que muchos productos mediocres, libros sin valor literario o figuras convertidas en “marca” pagan la fiesta de un sistema que permite sobrevivir a editoriales pequeñas y a escritores que no venden, evidenciando una convivencia inevitable entre mercado, hipocresía y creación cultural.
El bloque concluye con una idea central: vivimos en una sana hipocresía civilizatoria. Pretender importar modelos morales ajenos —protestantes, puritanos y punitivos— a una sociedad como la española no solo es artificial, sino profundamente destructivo para la convivencia y la comunidad política.
Una reflexión de fondo sobre cancelación, cultura, palabra y por qué no todo lo que viene de fuera encaja en nuestra forma de vivir juntos.
