Episode Description
Pedro Herrero analiza el agotamiento del discurso dominante sobre el abuso y la violencia sexual, y cómo una parte del feminismo institucional ha sustituido la explicación por el relato cerrado, incapaz de afrontar la complejidad real de los casos.
Pedro reflexiona sobre la transformación del debate público: de la protección de las víctimas a la construcción de marcos morales simplificados, donde cualquier duda se interpreta como traición y cualquier matiz como complicidad. El análisis cuestiona la figura de la “víctima perfecta” y el uso político del dolor como herramienta de control del discurso.
El bloque aborda también el impacto cultural de referentes polémicos como Andrew Tate, no para justificar sus postulados, sino para preguntarse por qué conectan con tantos jóvenes. Pedro sostiene que parte de esa conexión nace del vacío dejado por un feminismo que ya no convence, no escucha y no ofrece respuestas creíbles a las nuevas generaciones.
A lo largo del análisis aparecen referencias al feminismo institucional representado por figuras como Irene Montero, así como al papel de medios y élites culturales que prefieren repetir consignas antes que asumir el coste de pensar en voz alta sobre un tema incómodo.
Pedro conecta este fenómeno con un choque generacional profundo: padres, educadores y políticos hablan un lenguaje que muchos jóvenes ya no reconocen como propio. Cuando el discurso se vuelve moralista y punitivo, lo que se genera no es conciencia, sino rechazo y radicalización.
La conclusión es clara y muy CB:
cuando una ideología deja de explicar la realidad y se limita a imponer un marco moral, la realidad acaba buscando otras voces, aunque sean peores.
Pedro reflexiona sobre la transformación del debate público: de la protección de las víctimas a la construcción de marcos morales simplificados, donde cualquier duda se interpreta como traición y cualquier matiz como complicidad. El análisis cuestiona la figura de la “víctima perfecta” y el uso político del dolor como herramienta de control del discurso.
El bloque aborda también el impacto cultural de referentes polémicos como Andrew Tate, no para justificar sus postulados, sino para preguntarse por qué conectan con tantos jóvenes. Pedro sostiene que parte de esa conexión nace del vacío dejado por un feminismo que ya no convence, no escucha y no ofrece respuestas creíbles a las nuevas generaciones.
A lo largo del análisis aparecen referencias al feminismo institucional representado por figuras como Irene Montero, así como al papel de medios y élites culturales que prefieren repetir consignas antes que asumir el coste de pensar en voz alta sobre un tema incómodo.
Pedro conecta este fenómeno con un choque generacional profundo: padres, educadores y políticos hablan un lenguaje que muchos jóvenes ya no reconocen como propio. Cuando el discurso se vuelve moralista y punitivo, lo que se genera no es conciencia, sino rechazo y radicalización.
La conclusión es clara y muy CB:
cuando una ideología deja de explicar la realidad y se limita a imponer un marco moral, la realidad acaba buscando otras voces, aunque sean peores.